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	<title>Arxius de Ciclo C 2024-2025 - Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</title>
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		<title>Domingo XXXIV durante el año // Lc 23,32-43 Códice Beza Beza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Nov 2025 13:33:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo C 2024-2025]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fiesta Jesús Rey (034 0025) Lc 23,32-43 Códice Beza Llevaban también a otros dos sediciosos para que fuesen ejecutados con él. Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, allí lo crucificaron a la vez que a los sediciosos, uno a la derecha, el otro a la izquierda.[i] Se repartían entre ellos sus vestidos tirando los dados. Se había situado el pueblo para verlo. Se mofaban de él y le iban diciendo:[ii] «A otros has salvado, sálvate a ti mismo, si Hijo eres de Dios, si eres el Mesías, el Elegido.»[iii] Lo escarnecían también los soldados acercándosele; además, le ofrecían vinagre diciendo: «Salud, ¡Rey de los judíos!», después que le hubieron ceñido además una corona de espinas.[iv] Estaba también la inscripción que tenía inscrita sobre él en caracteres griegos, romanos, hebreos: «el rey de los judíos es este.»[v] Uno de los sediciosos lo injuriaba.[vi] Pero el otro reaccionó y se puso a conjurarlo diciendo: «¿Es que no tienes tú temor de Dios, tú que te encuentras en la misma condena en que estamos involucrados también nosotros? Y nosotros por cierto justamente, pues el castigo merecido por lo que habíamos hecho estamos recibiendo; este, en cambio, no ha hecho nada malo.» Y girándose hacia el Señor le dijo: «Acuérdate de mí, el día de tu venida.» Jesús, en respuesta, dijo al que había hecho aquel reproche: «¡Ánimo! Hoy estarás conmigo en el paraíso.»[vii] «¡Ánimo!, hoy estarás conmigo en el paraiso» Nos encontramos en «el lugar llamado La Calavera», no en el Lugar donde se esperaba que se manifestase el Mesías, en el Templo, donde crucificaron a Jesús «a la vez que a los otros dos sediciosos». Tres son un conjunto de crucificados, con Jesús como culpable de la sedición, según reza la sentencia dictada por los romanos. El pueblo de Israel se había situado a lo lejos para ver el espectáculo. Se mofaban del Mesías, el Elegido, colgado de un patíbulo. Los soldados le escarnecían: «”¡Salud, Rey de los judíos!”, después que le hubieron ceñido una corona de espinas.» La causa de su condena estaba escrita en el rótulo en griego, latín y arameo: «el rey de los judíos es este.» Hasta aquí el espectáculo que no ha parado nunca de ser representado por el nuevo pueblo de Dios, situado también al resguardo a lo lejos. Los focos convergen ahora en los dos sediciosos. Uno le injuria por considerarlo el responsable de la sedición. El otro reacciona y se pone a conjurarlo: «¿Es que no tienes tú temor de Dios, tú que te encuentras en la misma condena en que estamos involucrados también nosotros?» Son dos de los muchos discípulos que se ha­bían distanciado de Jesús porque no compartían su pacifismo y, ahora, uno de ellos reconoce públicamente que Jesús «no ha hecho nada malo», no ha sido él el promotor de la sedición. «Y girándose hacia el Señor le dice: “Acuérdate de mí, el día de la tu venida.”» ¿Esperaba aún una intervención espectacular de Dios que liberase a su Mesías y los salvase también a ellos, pero no en tono de mofa como le escarnecían los dirigentes? Jesús, en respuesta, dijo al que hacía aquel reproche: «¡Ánimo! Hoy estarás conmigo en el paraíso.» El «reproche» del «buen ladrón» ha consistido, según Beza, en el conjuro que ha lanzado al que injuriaba a Jesús (Vv. 39-40). Jesús reconforta al discípulo que se ha arrepentido y le asegura que «hoy», en el presente de Dios, estará en compañía suya «en el paraíso». El contraste no podía ser más duro: del Gólgota al Paraíso de los primeros padres. Jesús nos ha abierto la Puerta en el Lugar más inesperado. Josep Rius-Camps,teólogo y biblista Traducido por: Carmen Martínez de Sas [i]&#160;Muchos manuscritos, entre los cuales el Códice Sinaítico, añaden aquí el v. 34a: «Pero Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”», una glosa inspirada probablemente en Hch 3,17 (7,60). Nestle-Aland la ponen entre corchetes dobles por considerar que este pasaje no pertenece al texto original. [ii]&#160;Según el texto alejandrino fueron «también los dirigentes» los que proferían este reproche. [iii]&#160;El Códice Vaticano lo dice de forma diversa: «que se salve él mismo, si es él el Mesías de Dios, el Elegido.» [iv]&#160;El escarnio de los soldados no es tan categórico en el Vaticano y muchos otros códices: «Si eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo», omitiendo además la referencia a la coronación de espinas. [v]¿Se inspira Lucas-Beza en Jn 19,19? La redacción de Juan es significativamente diferente: «Pilato hizo escribir también un rótulo y lo puso sobre la cruz: “jesús el nazoreu, el reY de los judios” […] y estaba escrito en hebreo, latín, griego.» La redacción de la inscripción es más simple también en el Vaticano y algunos otros códices: «Había también una inscripción sobre él: “el el reY de los judios (es) este”.» [vi]&#160;El texto alejandríno explicita el contenido de la injuria: «diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Pues ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!”». [vii]&#160;El contenido de los vv. 42-43 es muy diferente en el texto alejandrino (con algunas lecciones variantes): «e iba diciendo: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Y (Jesús) le dijo: “Te lo aseguro: hoy &#160;estarás conmigo en el paraíso.”»</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/2025/11/domingo-xxxiv-durante-el-ano-lc-2332-43-codice-beza-beza/">Domingo XXXIV durante el año // Lc 23,32-43 Códice Beza Beza</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<p>Fiesta Jesús Rey</p>



<p>(034 0025) <strong>Lc 23,32-43 Códice Beza</strong></p>



<p>Llevaban también a otros dos sediciosos para que fuesen ejecutados con él. Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, allí lo crucificaron <em>a la vez</em> que a los sediciosos, uno a la derecha, el otro a la izquierda.<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn1">[i]</a> <em>Se repartían</em> entre ellos sus vestidos <em>tirando </em>los dados. Se había situado el pueblo para <em>verlo</em>. <em>Se mofaban de él y le iban diciendo</em>:<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn2">[ii]</a> «A otros <em>has salvado</em>, <em>sálvate a ti mismo</em>, si Hijo <em>eres</em> de Dios, <em>si eres</em> el Mesías, el Elegido.»<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn3">[iii]</a> Lo <em>escarnecían</em> también los soldados acercándosele; <em>además, le ofrecían </em>vinagre diciendo: «<em>Salud</em>, ¡Rey de los judíos!», <em>después que le hubieron ceñido además una corona de espinas</em>.<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn4">[iv]</a> Estaba también <em>la</em> inscripción que tenía <em>inscrita sobre él en caracteres griegos, romanos, hebreos</em>: «el rey de los judíos <em>es </em>este.»<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn5">[v]</a> Uno de los sediciosos lo injuriaba.<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn6">[vi]</a> Pero el otro reaccionó y se puso a conjurarlo diciendo: «¿Es que no tienes tú temor de Dios, tú que te encuentras <em>en la misma condena en que estamos involucrados también nosotros</em>? Y nosotros por cierto justamente, pues el castigo merecido por lo que habíamos hecho estamos recibiendo; este, en cambio, no ha hecho nada <em>malo</em>.» Y <em>girándose hacia el Señor</em> <em>le</em> dijo: «Acuérdate de mí, <em>el día de tu venida</em>.» <em>Jesús, en respuesta, dijo al que había hecho aquel reproche</em>: «¡Ánimo<em>!</em> Hoy estarás conmigo en el paraíso.»<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_edn7">[vii]</a></p>



<p><strong>«¡Ánimo!, hoy estarás conmigo en el paraiso»</strong></p>



<p>Nos encontramos en «el lugar llamado <em>La Calavera</em>», no en el Lugar donde se esperaba que se manifestase el Mesías, en el Templo, donde crucificaron a Jesús «<em>a la vez</em> que a los otros dos sediciosos». Tres son un conjunto de crucificados, con Jesús como culpable de la sedición, según reza la sentencia dictada por los romanos. El pueblo de Israel se había situado a lo lejos para ver el espectáculo. Se mofaban del Mesías, el Elegido, colgado de un patíbulo. Los soldados le escarnecían: «”¡Salud, Rey de los judíos!”, después que le hubieron ceñido una corona de espinas.» La causa de su condena estaba escrita en el rótulo en griego, latín y arameo: «el rey de los judíos <em>es </em>este.» Hasta aquí el espectáculo que no ha parado nunca de ser representado por el nuevo pueblo de Dios, situado también al resguardo a lo lejos. Los focos convergen ahora en los dos sediciosos. Uno le injuria por considerarlo el responsable de la sedición. El otro reacciona y se pone a conjurarlo: «¿Es que no tienes tú temor de Dios, tú que te encuentras <em>en la misma condena</em> <em>en que estamos involucrados también nosotros</em>?» Son dos de los muchos discípulos que se ha­bían distanciado de Jesús porque no compartían su pacifismo y, ahora, uno de ellos reconoce públicamente que Jesús «no ha hecho nada <em>malo</em>», no ha sido él el promotor de la sedición. «Y <em>girándose hacia el Señor</em> <em>le</em> dice: “Acuérdate de mí, <em>el día de la tu venida</em>.”» ¿Esperaba aún una intervención espectacular de Dios que liberase a su Mesías y los salvase también a ellos, pero no en tono de mofa como le escarnecían los dirigentes? <em>Jesús, en respuesta, dijo al que hacía aquel reproche</em>: «¡Ánimo<em>!</em> Hoy estarás conmigo en el paraíso.» El «reproche» del «buen ladrón» ha consistido, según Beza, en el conjuro que ha lanzado al que injuriaba a Jesús (Vv. 39-40). Jesús reconforta al discípulo que se ha arrepentido y le asegura que «hoy», en el presente de Dios, estará en compañía suya «en el paraíso». El contraste no podía ser más duro: del Gólgota al Paraíso de los primeros padres. Jesús nos ha abierto la Puerta en el Lugar más inesperado.</p>



<p>Josep Rius-Camps,<br>teólogo y biblista<br><br><em>Traducido por:</em> Carmen Martínez de Sas</p>



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<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[i]</a>&nbsp;Muchos manuscritos, entre los cuales el Códice Sinaítico, añaden aquí el v. 34a: «Pero Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”», una glosa inspirada probablemente en Hch 3,17 (7,60). Nestle-Aland la ponen entre corchetes dobles por considerar que este pasaje no pertenece al texto original.</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[ii]</a>&nbsp;Según el texto alejandrino fueron «también los dirigentes» los que proferían este reproche.</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[iii]</a>&nbsp;El Códice Vaticano lo dice de forma diversa: «que se salve él mismo, si es él el Mesías de Dios, el Elegido.»</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[iv]</a>&nbsp;El escarnio de los soldados no es tan categórico en el Vaticano y muchos otros códices: «Si eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo», omitiendo además la referencia a la coronación de espinas.</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[v]</a>¿Se inspira Lucas-Beza en Jn 19,19? La redacción de Juan es significativamente diferente: «Pilato hizo escribir también un rótulo y lo puso sobre la cruz: “jesús el nazoreu, el reY de los judios” […] y estaba escrito en hebreo, latín, griego.» La redacción de la inscripción es más simple también en el Vaticano y algunos otros códices: «Había también una inscripción sobre él: “el el reY de los judios (es) este”.»</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[vi]</a>&nbsp;El texto alejandríno explicita el contenido de la injuria: «diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Pues ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!”».</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10601901/edit/#_ednref">[vii]</a>&nbsp;El contenido de los vv. 42-43 es muy diferente en el texto alejandrino (con algunas lecciones variantes): «e iba diciendo: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Y (Jesús) le dijo: “Te lo aseguro: hoy &nbsp;estarás conmigo en el paraíso.”»</p>



<p></p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/2025/11/domingo-xxxiv-durante-el-ano-lc-2332-43-codice-beza-beza/">Domingo XXXIV durante el año // Lc 23,32-43 Códice Beza Beza</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Domingo XXXIII durante el año // Lc 21,5-19 Códice Beza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Nov 2025 13:25:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo C 2024-2025]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(33 0024) Lc 21,5-19 Códice Beza Como algunos iban diciendo a propósito del Templo: «¡Con qué piedras preciosas está adornado y con ofrendas votivas!», dijo: «Esto que estáis contemplando, vendrán días en que no dejarán piedra sobre piedra en el muro,[i] aquí, que no sea derruida.» Le interrogaron entonces los discípulos diciendo: «¿Maestro, cuándo pasará, esto?», y: «¿Cuál será la señal de tu venida?» Él respondió: «¡Mirad!, no os dejéis engañar, porque vendrán muchos[ii] que se valdrán de mi nombre diciendo:  “Yo soy!” y: “El tiempo se ha acercado!” No os vayáis detrás de ellos. Cuando oigáis, pues, hablar de guerras y de revoluciones, no tengáis miedo: es preciso, en efecto, que llegue esto primero, si bien el fin no será inmediato. Porque se alzará nación contra nación y reino contra reino; habrá grandes terremotos en diversos lugares, hambre y epidemias acontecerán; sobrevendrán cosas espantosas provenientes del cielo, sobrevendrán señales extraordinarias. Pero antes de todo esto, os pondrán encima sus manos y os perseguirán entregándoos a las sinagogas y cárceles, os conducirán delante de reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Os ofrecerán la oportunidad de dar testimonio. Meteos, pues, en vuestros corazones: no os ejercitéis previamente para defenderos, porque yo os daré un habla y una sabiduría que no podrán resistir[iii]  vuestros adversarios.  Seréis entregados, además, incluso por vuestros padres y hermanos, parientes y amigos, y harán morir a algunos de vosotros. Seréis odiados por todos por causa de mi nombre. Ni un cabello de vuestra cabeza se perderá. Con vuestra perseverancia sacaréis provecho de vuestras vidas.» «¿Cuál será la señal de tu venida?» Para situar la escena que leeremos hoy nos podemos mezclar con los grupos de turistas que visitan la Sagrada Familia. Asombrados por la grandiosidad y belleza del Templo exclamaban: «¡Con qué piedras preciosas está adornado y con ofrendas votivas!» En la respuesta de Jesús hay un detalle que solo se ha conservado en el Códice Beza: «Esto que estáis contemplando, vendrán días en que no dejarán piedra sobre piedra en el muro, aquí, que no sea derruida.» Recordemos que Lucas escribe a Teófilo, que había alabado tantas veces los sillares del Templo de Jerusalén cuando él era sumo sacerdote y del que, después de los años 70, solo había quedado en pie «el Muro» de las Lamentaciones. La predicción de Jesús, que por cierto era previsible, suscita dos preguntas a los discípulos: «Maestro, ¿cuándo pasará, esto?», y: «¿Cuál será la señal de tu venida?» En el texto usual no se dice que sean los discípulos quienes las formulen y, además, la segunda pregunta ha quedado devaluada: «¿Cuál será la señal de cuando esto sucederá?» Las primeras comunidades estaban muy intrigadas por el momento de la venida triunfal del Mesías, después del desastre del Gólgota. Releed las cartas de Pablo a los Tesalonicenses. Lucas dejará prácticamente sin respuesta la primera pregunta, limitándose a apuntar que «el día aquel», el de su venida, sobrevendrá como un lazo, repentinamente. En cambio, tiene mucho interés en recalcar a Teófilo que, en tiempo de persecuciones, no se ejerciten preparando la propia defensa (apologética), «porque yo os daré un habla y una sabiduría que no podrán resistir vuestros adversarios». Cuando Teófilo leerá, en el segundo volumen, las sucesivas apologías pronunciadas por Pablo delante de los gobernadores romanos Félix y Festo y el rey Agripa (Ac 24,10; 25,8; 26,1-2.24) comprenderá por qué motivo le había advertido por dos veces, en el primer volumen (ver también Lc 12,11), que la apologética es del todo ineficaz y no permite que el Espíritu Santo se exprese por boca de los profetas que van surgiendo continuamente. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [i]&#160;La precisión «en el muro» tan solo se presenta en el Códice Beza. [ii]&#160;Tan solo en el Códice Beza se puede comprobar la correlación entre la segunda pregunta: «¿Cuál será la señal de tu&#160;venida?» y la consiguiente respuesta: «¡Mirad!, no os dejéis engañar, porque&#160;vendrán&#160;muchos&#8230;» [iii]&#160;Beza y algunas de las antiguas versiones latinas, siríacas y coptas tan solo testifican «resistir»; los códices Vaticano, Sinaítico y algunos otros añaden «o contradecir»;otros leen «contradecir ni resistir».</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/2025/11/domingo-xxxiii-durante-el-ano-lc-215-19-codice-beza/">Domingo XXXIII durante el año // Lc 21,5-19 Códice Beza</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<p>(33 0024) <strong>Lc 21,5-19 Códice Beza</strong></p>



<figure class="wp-block-image alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/33-0024-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-17650" style="width:374px;height:auto" srcset="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/33-0024-1024x683.jpg 1024w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/33-0024-300x200.jpg 300w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/33-0024-768x512.jpg 768w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/33-0024.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Como algunos iban diciendo a propósito del Templo: «<em>¡</em>Con qué piedras preciosas<em> está adornado y con ofrendas votivas</em>!», dijo: «Esto que estáis contemplando, vendrán días en que no dejarán piedra sobre piedra <em>en el muro</em>,<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10553512/edit/#_edn1">[i]</a> aquí, que no sea derruida.» Le interrogaron entonces <em>los discípulos</em> diciendo: «¿Maestro, <em>cuándo</em> pasará, esto?», y: «¿Cuál será la señal <em>de tu venida</em>?» Él respondió: «¡Mirad!, no os dejéis engañar, porque vendrán muchos<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10553512/edit/#_edn2">[ii]</a> que se valdrán de mi nombre diciendo:  “Yo soy!” y: “El tiempo se ha acercado!” No os vayáis detrás de ellos. Cuando oigáis, pues, hablar de guerras y de revoluciones, no <em>tengáis miedo</em>: es preciso, en efecto, <em>que llegue esto</em> primero, si bien el fin no será inmediato. <em>Porque </em>se alzará nación contra nación y reino contra reino; habrá grandes terremotos <em>en diversos lugares, hambre y epidemias</em> acontecerán; sobrevendrán cosas espantosas provenientes del cielo, sobrevendrán señales extraordinarias. Pero antes de todo esto, os pondrán encima sus manos y os perseguirán entregándoos a las sinagogas y cárceles, os conducirán delante de reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Os ofrecerán la oportunidad de dar testimonio. Meteos, pues, en vuestros corazones: no os ejercitéis previamente para defenderos, porque yo <em>os daré</em> un habla y una sabiduría que no podrán resistir<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10553512/edit/#_edn3">[iii]</a>  vuestros adversarios.  Seréis entregados, además, incluso por vuestros padres y hermanos, parientes y amigos, y harán morir a algunos de vosotros. Seréis odiados por todos por causa de mi nombre. Ni un cabello de vuestra cabeza se perderá. Con vuestra perseverancia sacaréis provecho de vuestras vidas.»</p>



<p><strong>«¿Cuál será la señal de tu venida?»</strong></p>



<p>Para situar la escena que leeremos hoy nos podemos mezclar con los grupos de turistas que visitan la Sagrada Familia. Asombrados por la grandiosidad y belleza del Templo exclamaban: «<em>¡</em>Con qué piedras preciosas<em> está adornado y con ofrendas votivas</em>!» En la respuesta de Jesús hay un detalle que solo se ha conservado en el Códice Beza: «Esto que estáis contemplando, vendrán días en que no dejarán piedra sobre piedra <em>en el muro</em>, aquí, que no sea derruida.» Recordemos que Lucas escribe a Teófilo, que había alabado tantas veces los sillares del Templo de Jerusalén cuando él era sumo sacerdote y del que, después de los años 70, solo había quedado en pie «el Muro» de las Lamentaciones. La predicción de Jesús, que por cierto era previsible, suscita dos preguntas a los <em>discípulos</em>: «Maestro, ¿<em>cuándo</em> pasará, esto?», y: «¿Cuál será la señal <em>de tu venida</em>?» En el texto usual no se dice que sean los discípulos quienes las formulen y, además, la segunda pregunta ha quedado devaluada: «¿Cuál será la señal <em>de cuando esto sucederá</em>?» Las primeras comunidades estaban muy intrigadas por el momento de la <em>venida </em>triunfal del Mesías, después del desastre del Gólgota. Releed las cartas de Pablo a los Tesalonicenses. Lucas dejará prácticamente sin respuesta la primera pregunta, limitándose a apuntar que «el día aquel», el de su <em>venida</em>, sobrevendrá como un lazo, repentinamente. En cambio, tiene mucho interés en recalcar a Teófilo que, en tiempo de persecuciones, no se ejerciten preparando la propia defensa (apologética), «porque yo o<em>s daré</em> un habla y una sabiduría que no podrán resistir vuestros adversarios». Cuando Teófilo leerá, en el segundo volumen, las sucesivas apologías pronunciadas por Pablo delante de los gobernadores romanos Félix y Festo y el rey Agripa (Ac 24,10; 25,8; 26,1-2.24) comprenderá por qué motivo le había advertido por dos veces, en el primer volumen (ver también Lc 12,11), que la apologética es del todo ineficaz y no permite que el Espíritu Santo se exprese por boca de los profetas que van surgiendo continuamente.</p>



<p>Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10553512/edit/#_ednref">[i]</a>&nbsp;La precisión «en el muro» tan solo se presenta en el Códice Beza.</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10553512/edit/#_ednref">[ii]</a>&nbsp;Tan solo en el Códice Beza se puede comprobar la correlación entre la segunda pregunta: «¿Cuál será la señal de tu&nbsp;<strong>venida</strong>?» y la consiguiente respuesta: «¡Mirad!, no os dejéis engañar, porque&nbsp;<strong>vendrán</strong>&nbsp;muchos&#8230;»</p>



<p><a></a><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10553512/edit/#_ednref">[iii]</a>&nbsp;Beza y algunas de las antiguas versiones latinas, siríacas y coptas tan solo testifican «resistir»; los códices Vaticano, Sinaítico y algunos otros añaden «o contradecir»;otros leen «contradecir ni resistir».</p>



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<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/2025/11/domingo-xxxiii-durante-el-ano-lc-215-19-codice-beza/">Domingo XXXIII durante el año // Lc 21,5-19 Códice Beza</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Domingo XXXII durante el año // Lc 20,27-38 Códice Beza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Nov 2025 13:16:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo C 2024-2025]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(32 0023) Lc 20,27-38 Códice Beza Se acercaron entonces algunos de los saduceos —los que dicen que no hay resurrección— y lo&#160;interrogaron&#160;diciendo: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que, si el hermano de alguno muere&#160;sin hijos, habiendo tomado mujer, que tome su hermano su mujer y suscite descendencia a su hermano.&#160;Eran, en nuestro caso, siete hermanos. El primero que tomó la mujer murió sin hijos, y el segundo y el tercero;&#160;de forma semejante los siete no dejaron ningún hijo&#160;y murieron; finalmente también la mujer murió. En el momento, pues, de la resurrección, ¿de quién&#160;será&#160;mujer? Los siete, en efecto, la han tenido por mujer.» Dijo&#160;dirigiéndose a ellos: «Los hijos de este mundo&#160;son engendrados y engendran, se casan y&#160;son casadas,[i]&#160;pero los que sean estimados dignos de alcanzar el mundo futuro y la resurrección de entre los muertos ni se casan ni&#160;son casadas, porque ni a morir ya nunca&#160;llegarán, ya que son iguales a los ángeles&#160;para Dios,[ii]&#160;por el hecho de ser hijos de la resurrección. Pero que los muertos resucitan, Moisés lo&#160;muestra&#160;en el episodio de la zarza cuando llama “Señor” al “Dios de Abraham y Dios de&#160;Isac&#160;y Dios de Jacob” (Ex 3,6). Dios&#160;de muertos no lo es, sino de vivos, porque para él todos viven.» Dios de muertos no lo es, sino de vivos, porque para él todos viven&#160; El pasaje que comentamos hoy forma parte de un conjunto de escenas situadas en el recinto del Templo de Jerusalén, donde Jesús «estaba enseñando al pueblo y anunciaba la buena noticia» (Lc 20,1a). Los diferentes estamentos del Sanedrín se han ido sucediendo para cazarlo en alguna expresión comprometedora: primero los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos (29,1b); seguidamente los fariseos le envían unos espías para interrogarlo sobre el tributo al César (20,20); la envestida final corre a cargo de los saduceos que, como no creen en la resurrección, se inventan un caso de moral para ponerlo en ridículo, basado en la Ley llamada del «levirato» (Dt 25,5-6): «Maestro, Moisés nos dejó escrito que, si el hermano de alguno muere&#160;sin hijos, habiendo tomado mujer&#8230;» La casuística es conocida y el callejón sin salida que plantean a Jesús no tiene ninguna salida airosa. Jesús responde haciendo una clara distinción entre «los hijos de este mundo», padres, hijos, esposos y esposas, y «los que sean estimados dignos de alcanzar el mundo futuro y la resurrección de entre los muertos», quienes no tendrán necesidad de tener descendencia «porque a morir ya nunca&#160;llegarán, ya que son iguales a los ángeles&#160;para Dios». Beza subraya la duración eterna de esta forma de vida, la de los «hijos de la resurrección», que los iguala a los ángeles. Han traspasado las fronteras de la creación, superando todas las leyes de la física, transformados por el Espíritu de Dios. A continuación Jesús replica a los saduceos utilizando también un texto del Pentateuco, la única parte de la Escritura, la más antigua, que ellos aceptaban como normativa, igual que los samaritanos: «Pero que los muertos resucitan, Moisés lo&#160;mostró&#160;en el episodio de la zarza cuando llama “Señor” al “Dios de Abraham y Dios de&#160;Isac&#160;y Dios de Jacob” (Ex 3,6).» Forzando el orden de la frase, Lucas-Beza recalca que no se puede hablar de un «Dios de muertos», de una religión de muertos, dado que «para Dios todos viven», todos «los que sean estimados dignos de alcanzar el mundo futuro.» Josep Rius-CampsTeólogo y biblista Traducido por:&#160;Carmen Martínez de Sas [i]&#160;La expresión «los hijos de este eón/mundo» engloba tanto a los hijos que «son engendrados» como a los padres que les «engendran», de los cuales el texto alejandrino no hace mención, como también a los hombres que «esposan/se casan» y las mujeres que «son esposadas/casadas». La omisión podría ser debida al hecho de que a continuación, al referirse al mundo futuro, tan solo se menciona la segunda pareja.[ii]&#160;El Códice Vaticano y los otros códices, con ligeras lecciones variantes, leen: «porque son iguales a los ángeles y son hijos de Dios».</p>
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<figure class="wp-block-image alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="682" src="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/32-0023-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-17104" style="width:368px;height:auto" srcset="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/32-0023-1024x682.jpg 1024w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/32-0023-300x200.jpg 300w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/32-0023-768x511.jpg 768w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2025/11/32-0023.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>(32 0023) <strong>Lc 20,27-38 Códice Beza</strong></p>



<p>Se acercaron entonces algunos de los saduceos —los que dicen que no hay resurrección— y lo&nbsp;<em>interrogaron&nbsp;</em>diciendo: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que, si el hermano de alguno muere&nbsp;<em>sin hijos, habiendo tomado mujer</em>, que tome su hermano su mujer y suscite descendencia a su hermano.&nbsp;<em>Eran, en nuestro caso, siete hermanos</em>. El primero que tomó la mujer murió sin hijos, y el segundo y el tercero;&nbsp;<em>de forma semejante los siete no dejaron ningún hijo</em>&nbsp;y murieron; finalmente también la mujer murió. En el momento, pues, de la resurrección, ¿de quién&nbsp;<em>será&nbsp;</em>mujer? Los siete, en efecto, la han tenido por mujer.» Dijo&nbsp;<em>dirigiéndose a ellos</em>: «Los hijos de este mundo&nbsp;<em>son engendrados y engendran</em>, se casan y&nbsp;<em>son casadas</em>,<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10502602/edit/#_edn1">[i]</a>&nbsp;pero los que sean estimados dignos de alcanzar el mundo futuro y la resurrección de entre los muertos ni se casan ni&nbsp;<em>son casadas</em>, porque ni a morir ya nunca&nbsp;<em>llegarán</em>, ya que son iguales a los ángeles&nbsp;<em>para Dios</em>,<a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10502602/edit/#_edn2">[ii]</a>&nbsp;por el hecho de ser hijos de la resurrección. Pero que los muertos resucitan, Moisés lo&nbsp;<em>muestra</em>&nbsp;en el episodio de la zarza cuando llama “Señor” al “Dios de Abraham y Dios de&nbsp;<em>Isac</em>&nbsp;y Dios de Jacob” (Ex 3,6). Dios&nbsp;<em>de muertos no lo es</em>, sino de vivos, porque para él todos viven.»</p>



<p><strong>Dios de muertos no lo es, sino de vivos, porque para él todos vi</strong>ven&nbsp;</p>



<p>El pasaje que comentamos hoy forma parte de un conjunto de escenas situadas en el recinto del Templo de Jerusalén, donde Jesús «estaba enseñando al pueblo y anunciaba la buena noticia» (Lc 20,1a). Los diferentes estamentos del Sanedrín se han ido sucediendo para cazarlo en alguna expresión comprometedora: primero los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos (29,1b); seguidamente los fariseos le envían unos espías para interrogarlo sobre el tributo al César (20,20); la envestida final corre a cargo de los saduceos que, como no creen en la resurrección, se inventan un caso de moral para ponerlo en ridículo, basado en la Ley llamada del «levirato» (Dt 25,5-6): «Maestro, Moisés nos dejó escrito que, si el hermano de alguno muere&nbsp;<em>sin hijos, habiendo tomado mujer&#8230;</em>» La casuística es conocida y el callejón sin salida que plantean a Jesús no tiene ninguna salida airosa. Jesús responde haciendo una clara distinción entre «los hijos de este mundo», padres, hijos, esposos y esposas, y «los que sean estimados dignos de alcanzar el mundo futuro y la resurrección de entre los muertos», quienes no tendrán necesidad de tener descendencia «porque a morir ya nunca&nbsp;<em>llegarán</em>, ya que son iguales a los ángeles&nbsp;<em>para Dios</em>». Beza subraya la duración eterna de esta forma de vida, la de los «hijos de la resurrección», que los iguala a los ángeles. Han traspasado las fronteras de la creación, superando todas las leyes de la física, transformados por el Espíritu de Dios. A continuación Jesús replica a los saduceos utilizando también un texto del Pentateuco, la única parte de la Escritura, la más antigua, que ellos aceptaban como normativa, igual que los samaritanos: «Pero que los muertos resucitan, Moisés lo&nbsp;<em>mostró&nbsp;</em>en el episodio de la zarza cuando llama “Señor” al “Dios de Abraham y Dios de&nbsp;<em>Isac</em>&nbsp;y Dios de Jacob” (Ex 3,6).» Forzando el orden de la frase, Lucas-Beza recalca que no se puede hablar de un «Dios de muertos», de una religión de muertos, dado que «para Dios todos viven», todos «los que sean estimados dignos de alcanzar el mundo futuro.»</p>



<p>Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



<p><em>Traducido por:</em>&nbsp;Carmen Martínez de Sas</p>



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<p><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10502602/edit/#_ednref">[i]</a>&nbsp;La expresión «los hijos de este eón/mundo» engloba tanto a los hijos que «son engendrados» como a los padres que les «engendran», de los cuales el texto alejandrino no hace mención, como también a los hombres que «esposan/se casan» y las mujeres que «son esposadas/casadas». La omisión podría ser debida al hecho de que a continuación, al referirse al mundo futuro, tan solo se menciona la segunda pareja.<br><a href="https://codex.edimurtra.com/manage/cms/article/10502602/edit/#_ednref">[ii]</a>&nbsp;El Códice Vaticano y los otros códices, con ligeras lecciones variantes, leen: «porque son iguales a los ángeles y son hijos de Dios».</p>



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<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/2025/11/domingo-xxxii-durante-el-ano-lc-2027-38-codice-beza/">Domingo XXXII durante el año // Lc 20,27-38 Códice Beza</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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