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	<title>Arxius de Ciclo A - Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</title>
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	<title>Arxius de Ciclo A - Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</title>
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		<title>Mt 25,31-46</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2023 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Católico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Foto: Pixabay (665) Solemnidad de Santa María Madre de Dios Lc 2,15-21 Códice Beza. El Leccionario litúrgico lo hace empezar en el v. 16 2,15Sucedió que, cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, justamente los hombres, los pastores,a se dijeron unos a otros: «¡Eh!, atravesemos hasta Belén y veamos todo lo que ha pasado y que el Señor nos ha hecho saber.» 16 Fueron deprisa y encontraron a María a José y al niño tumbado en el pesebre. 17Al verlos, les hicieron saber todo lo que les habían anunciado sobre el niño. 18Todos los que lo oían se maravillaban del anuncio que les había sido dirigido por los pastores; 19 María, por su parte, conservaba todas estas palabras meditándolas en su corazón. 20Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido anunciado. 21Cuando se consumaron los ocho días requeridos para circuncidar al niño, le llamaron por su nombre, Jesús, el nombre que le había puesto el ángel antes de que fuera concebido en el seno de la madre. Mariam, nombre de la chica judia; María, nombre de la chica creyente Mal acostumbrados por los “Pastorets” que desde pequeños tenemos grabados en los ojos, leemos estos pasajes como si fueran cuentos infantiles. Los pastores, en tiempos de Jesús, eran mal vistos, considerados impuros porque convivían con animales. Lucas se sirve de ellos para describir la total marginación en que nació Jesús y lo contrasta con la completa sintonía que se estableció entre los ángeles y los pastores: «Cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, justamente los hombres, los pastores, se dijeron unos a otros…» Esta variante reforzada con el adverbio, «justamente los hombres», que conserva el Códice Beza, evidencia el cambio que se produjo en los pastores a raíz de la gloria que les rodeó de luz cuando se les presentó el ángel del Señor (Lc 2,9), hasta el punto de restituirles la dignidad humana de la que habían sido privados en nombre de la Ley. Alentados por la buena noticia, toman la decisión de atravesar hasta Belén. Van «deprisa» y encuentran una comunidad (tres personas) muy singular: «Maria, José y el niño tumbado en el pesebre». Al lector, Teófilo, ya le son familiares (triple artículo). «María», y no «Mariam» (como reza el texto usual), es «la llena de gracia», porque, a partir del momento en que el ángel Gabriel fue enviado a una joven galilea «de nombre Mariam», comprometida con un hombre «que tenía por nombre José» (1,26-27), y la saludó, le cambia el nombre judío por el de «María» (1,30), mostrando así el cambio profundo que se ha operado en ella; José ocupa el centro de la terna, pues los entronca con la dinastía davídica; el bebé recién nacido, reposa en un pesebre de animales. A María le resulta muy difícil digerir el anuncio de los pastores y opta por «conservar todas estas palabras meditándolas en su corazón». Ya llegará el día en que podrá comprenderlo. El niño, sometido a la Ley patria, será «llamado por su nombre, Jesús, el nombre que le había puesto el ángel antes de que él fuera concebido en el seno de la madre», anticipando así que debía «salvar» a su pueblo. a Los pastores, según el Códice Beza, apoyado por muchísimos manuscritos, son «los hombres» marginados por la institución religiosa, considerados impuros porque convivían con animales. b La mayoría de manuscritos le llaman por su nombre hebreo, Mariam; el Códice Beza, como siempre muy coherente, tan sólo lo llama así la primera vez (Lc 1,27), cambiándolo a partir del anuncio del ángel por el nombre griego, «María» (1,30.34). 38.39.41.46.56;2,5.16.19.34), indicando así el cambio profundo que se había producido en su persona.  </p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2531-46-2/">Mt 25,31-46</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-8461" src="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/01/winter-1142029_1920-1-1024x343.jpg" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" srcset="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/01/winter-1142029_1920-1-1024x343.jpg 1024w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/01/winter-1142029_1920-1-300x101.jpg 300w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/01/winter-1142029_1920-1-768x258.jpg 768w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/01/winter-1142029_1920-1-1536x515.jpg 1536w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/01/winter-1142029_1920-1.jpg 1920w" alt="" width="1024" height="343" />
<figcaption class="wp-element-caption">Foto: Pixabay</figcaption>
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<p>(665) Solemnidad de Santa María Madre de Dios</p>
<p><em>Lc 2,15-21 Códice Beza. El Leccionario litúrgico lo hace empezar en el v. 16</em></p>
<p><sup>2,15</sup>Sucedió que, cuando <em>los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, justamente los hombres</em>, los pastores,<sup>a </sup>se dijeron unos a otros: «¡Eh!, atravesemos hasta Belén y veamos todo lo que ha pasado y que el Señor nos ha hecho saber.» <sup>16</sup> Fueron deprisa y <em>encontraron a María</em> a José y al niño tumbado en el pesebre. <sup>17</sup>Al verlos, les hicieron saber todo lo que les habían anunciado sobre el niño. <sup>18</sup>Todos los que <em>lo oían se maravillaban </em>del anuncio que les había sido dirigido por los pastores; <sup>19</sup> María, por su parte, <em>conservaba todas estas palabras</em> meditándolas en su corazón. <sup>20</sup>Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido anunciado.</p>
<p><sup>21</sup>Cuando se <em>consumaron los</em> ocho días requeridos para circuncidar <em>al niño, le llamaron</em> por su nombre, Jesús, el nombre que le había puesto el ángel antes de que fuera concebido en el seno <em>de la madre</em>.</p>
<p><strong>Mariam, nombre de la chica judia; María, nombre de la chica creyente</strong></p>
<p>Mal acostumbrados por los “Pastorets” que desde pequeños tenemos grabados en los ojos, leemos estos pasajes como si fueran cuentos infantiles. Los pastores, en tiempos de Jesús, eran mal vistos, considerados impuros porque convivían con animales. Lucas se sirve de ellos para describir la total marginación en que nació Jesús y lo contrasta con la completa sintonía que se estableció entre los ángeles y los pastores: «Cuando <em>los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, justamente los hombres</em>, los pastores, se <em>dijeron</em> unos a otros…» Esta variante reforzada con el adverbio, «<em>justamente los hombres</em>», que conserva el Códice Beza, evidencia el cambio que se produjo en los pastores a raíz de la gloria que les rodeó de luz cuando se les presentó el ángel del Señor (Lc 2,9), hasta el punto de restituirles la dignidad humana de la que habían sido privados en nombre de la Ley. Alentados por la buena noticia, toman la decisión de atravesar hasta Belén. Van «deprisa» y encuentran una comunidad (tres personas) muy singular: «<em>Maria</em>, José y el niño tumbado en el pesebre». Al lector, Teófilo, ya le son familiares (triple artículo). «María», y no «Mariam» (como reza el texto usual), es «la llena de gracia», porque, a partir del momento en que el ángel Gabriel fue enviado a una joven galilea «de nombre Mariam», comprometida con un hombre «que tenía por nombre José» (1,26-27), y la saludó, le cambia el nombre judío por el de «María» (1,30), mostrando así el cambio profundo que se ha operado en ella; José ocupa el centro de la terna, pues los entronca con la dinastía davídica; el bebé recién nacido, reposa en un pesebre de animales. A María le resulta muy difícil digerir el anuncio de los pastores y opta por «<em>conservar todas estas palabras</em> meditándolas en su corazón». Ya llegará el día en que podrá comprenderlo. El niño, sometido a la Ley patria, será «<em>llamado</em> por su nombre, Jesús, el nombre que le había puesto el ángel antes de que él fuera concebido en el seno <em>de la madre</em>», anticipando así que debía «salvar» a su pueblo.</p>
<p><sup>a </sup>Los pastores, según el Códice Beza, apoyado por muchísimos manuscritos, son «los hombres» marginados por la institución religiosa, considerados impuros porque convivían con animales.</p>
<p><sup>b</sup> La mayoría de manuscritos le llaman por su nombre hebreo, Mariam; el Códice Beza, como siempre muy coherente, tan sólo lo llama así la primera vez (Lc 1,27), cambiándolo a partir del anuncio del ángel por el nombre griego, «María» (1,30.34). 38.39.41.46.56;2,5.16.19.34), indicando así el cambio profundo que se había producido en su persona.</p>
<p> </p>


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<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2531-46-2/">Mt 25,31-46</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Mt 25,14-30</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2514-30-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Nov 2023 09:00:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(710 554) Mt 25,14-30 Códice Beza 25,14Como un hombre[1] que, habiéndose de ausentar, llamó a sus propios siervos y les confió sus bienes. 15A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; a otro, uno[2] —a cada uno según su capacidad—, y se ausentó inmediatamente. 16Se fue asimismo el que había recibido cinco talentos, se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco talentos. 17Igualmente también el que había recibido dos talentos; también este ganó otros dos. 18Pero el que había recibido uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió la plata de su señor. 19Al cabo de mucho tiempo, llega el señor de aquellos siervos y pasa cuentas con ellos. 20 Acercándose el que ha­bía recibido cinco talentos, presentó otros cinco talentos diciendo: «Señor, cinco talentos me confiaste, mira otros cinco talentos he lucrado.» 21 Su señor le dijo: «¡Muy bien, siervo bueno y fiel!; como en pocas cosas has sido fiel, sobre muchas cosas te estableceré: entra en el gozo de tu señor.» 22 Acercándose, sin embargo, también el que había recibido dos talentos dijo: «Señor, dos talentos me confiaste, he aquí que otros dos talentos he lucrado.» 23 Su señor le dijo: «¡Muy bien, siervo bueno y fiel!; como en pocas cosas has sido fiel, sobre muchas cosas te constituiré: entra en el gozo de tu señor.» 24 Acercándose el que un talento había recibido dijo: «Señor, sabía que eres un hombre duro, que siegas donde no has sembrado y congregas donde no has esparcido. 25Tuve miedo, me fui y escondí tu talento en la tierra: aquí tienes lo que es tuyo.» 26 En respuesta le dijo su señor: «¡Siervo malo y gandul! Sabías que siego donde no había sembrado y congrego donde no había esparcido; 27 era preciso, pues, que tú hubieses entregado mi plata a los banqueros, y yo al llegar habría recuperado lo que es mío con los intereses. 28Tomadle, pues, el talento y dadlo al que ha producido los cinco[3] talentos.» 29 Porque a quien produce,[4] se le dará y le sobrará; pero a quien no produce, incluso lo que tiene le será quitado. 30Y a este siervo inútil lanzadlo fuera a la tiniebla exterior; allí habrá llanto y crujir de dientes. Dios concede los talentos según la capacidad que tiene cada uno para hacerlos fructificar Mateo religa la parábola de los talentos a la anterior de las diez chicas, que concluía con una nueva invitación a los discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13). El Códice Beza inicia con un asíndeton la nueva parábola: «Como un hombre que, habiéndose de ausentar, llamó a sus propios siervos y les confió sus bienes.» Se habla de una ausencia más o menos larga. De la figura de un esposo hemos pasado a la de un hombre que se ausenta por un tiempo. Su ausencia servirá para que cada uno de sus siervos (tres son una totalidad) haga trabajar los talentos que les ha­bían confiado. Al principio se creía que la vuelta del «hombre» sería inminente; hoy, casi nadie habla de ello. La diferencia en la donación de los talentos, cinco, dos, uno, no se habría de relacionar con el premio que les tiene preparado, según se desprende del hecho que hace el mismo elogio del primero y del segundo: «¡Muy bien, siervo bueno y fiel!; como en pocas cosas has sido fiel, sobre muchas cosas te estableceré: entra en el gozo de tu señor.» En el ámbito de Dios los números no cuentan ni las ganancias, sino la actitud y el lucro que se aporta haciendo trabajar los talentos que le han sido confiados. El gozo es el mismo para todos y no solamente llenará su capacidad, sino que la colmará hasta rebosar. En el Reino de Dios no se pierde nada: si alguno no hace trabajar su talento y lo esconde bajo tierra, por miedo o indolencia, este talento será dado a otro que aporte sus frutos. Los talentos son un don gratuito de Dios y se dan según la capacidad de cada uno. La capacidad es propia e inalienable, pero no los talentos que Dios otorga, en los que la cantidad no cuenta nada en absoluto, sino el beneficio que reporta. La parábola es optimista: dos tercios de los siervos duplican las ganancias; un tercio ha actuado con miedo y cobardía: como mínimo, viene a decirle, debería haber actuado como la banca mundial, y Dios habría recuperado los intereses, por muy insignificantes que fueran&#8230; Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] Mateo, a continuación de la parábola de las diez chicas, que solo él ha desarrollado, formula otra de manera asindética (Códice Beza) o a la manera de una explicación (texto usual), la parábola de los talentos. Marcos tan solo la apunta después de invitar a los discípulos a velar, ya que no saben cuándo llegará el momento de la venida del Señor (Mc 13,33-34); Lucas la transcribirá modificada y en otro lugar, la parábola de las minas, dándole una lectura bastante diferente (Lc 19,11-27). [2] En los tres casos se trata de una cantidad extraordinariamente grande, dado que un «talento» equivale aproximadamente a 21,7 kg de plata. [3] La gran mayoría de manuscritos leen «diez», sumando los cinco que ya tenía a los cinco que se ha ganado. El Códice Beza, en cambio, habla del que había producido «los cinco talentos» y a quien, ahora, además de los cinco talentos que él se había «lucrado» con su trabajo, le darán el talento del siervo gandul. El texto usual habla siempre y tan solo de «ganar», mientras que el Códice Beza, en dos ocasiones, cuando el primero y el segundo siervo hablan con su señor, emplean el verbo perfectivo «lucrar», diferenciando así la ganancia que ellos habían reportado del don que habían recibido. [4] El verbo griego echein, tener, poseer, en un determinado contexto, como aquí, adquiere el sentido de producir. Al tercer siervo, como no ha hecho producir el talento que le habían confiado,</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2514-30-2/">Mt 25,14-30</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="769" src="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-1024x769.jpg" alt="" class="wp-image-14242" style="width:587px;height:auto" srcset="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-1024x769.jpg 1024w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-300x225.jpg 300w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-768x577.jpg 768w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-1536x1153.jpg 1536w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-2048x1538.jpg 2048w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/josh-appel-NeTPASr-bmQ-unsplash_web-1320x991.jpg 1320w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto de <a href="https://unsplash.com/es/@joshappel?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash">Josh Appel</a> en <a href="https://unsplash.com/es/fotos/foto-de-primer-plano-de-monedas-variadas-NeTPASr-bmQ?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash">Unsplash</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">(710 554) <em>Mt 25,14-30 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>25,14</sup>Como un hombre<a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a> que, habiéndose de ausentar, llamó a sus propios siervos y les confió sus bienes. <sup>15</sup>A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; a otro, uno<a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a> —a cada uno según <em>su</em> capacidad—, y se ausentó <em>inmediatamente</em>. <sup>16</sup>Se fue <em>asimismo </em>el que había recibido cinco talentos, se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco <em>talentos</em>. <sup>17</sup><em>Igualmente</em> también el que <em>había recibido</em> dos<em> talentos</em>; <em>también este</em> ganó otros dos. <sup>18</sup>Pero el que había recibido uno, hizo un hoyo <em>en la</em> tierra y escondió la plata de su señor. <sup>19</sup>Al cabo de mucho tiempo, llega el señor de aquellos siervos y pasa cuentas con ellos. <sup>20 </sup>Acercándose el que ha­bía recibido cinco talentos, presentó otros cinco talentos diciendo: «Señor, cinco talentos me confiaste, mira otros cinco talentos he <em>lucrado.</em>» <sup>21 </sup>Su señor le dijo: «¡Muy bien, siervo bueno y fiel!; <em>como</em> en pocas cosas has sido fiel, sobre muchas cosas te estableceré: entra en el gozo de tu señor.» <sup>22 </sup><em>A</em>cercándose, <em>sin embargo,</em> también el que <em>había recibido</em> dos talentos dijo: «Señor, dos talentos me confiaste, <em>he aquí que</em> otros dos talentos he <em>lucrado.</em>» <sup>23 </sup>Su señor le dijo: «¡Muy bien, siervo bueno y fiel!; <em>como </em>en pocas cosas <em>has sido fiel</em>, sobre muchas cosas te constituiré: entra en el gozo de tu señor.» <sup>24 </sup>Acercándose el que un talento había recibido dijo: «Señor, sabía que eres un hombre duro, que siegas donde no has sembrado y congregas <em>donde</em> no has esparcido. <sup>25</sup>Tuve miedo, <em>me fui y</em> escondí tu talento en la tierra: <em>aquí</em> tienes lo que es tuyo.» <sup>26 </sup>En respuesta le dijo su señor: «¡Siervo malo y gandul! Sabías que siego donde no había sembrado y congrego donde no había esparcido; <sup>27 </sup>era preciso, <em>pues, que tú</em> hubieses entregado <em>mi plata</em> a los banqueros, y yo al llegar habría recuperado lo que es mío con los intereses. <sup>28</sup>Tomadle, pues, el talento y dadlo al que ha producido los <em>cinco</em><a id="_ednref3" href="#_edn3">[3]</a> talentos.» <sup>29 </sup>Porque <em>a quien</em> produce,<a id="_ednref4" href="#_edn4">[4]</a> se le dará y le sobrará; pero a quien no produce, incluso lo que tiene le será quitado. <sup>30</sup>Y a este siervo inútil <em>lanzadlo fuera</em> a la tiniebla exterior; allí habrá llanto y crujir de dientes.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Dios concede los talentos según la capacidad que tiene cada uno para hacerlos fructificar</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Mateo religa la parábola de los talentos a la anterior de las diez chicas, que concluía con una nueva invitación a los discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13). El Códice Beza inicia con un asíndeton la nueva parábola: «Como un hombre que, habiéndose de ausentar, llamó a sus propios siervos y les confió sus bienes.» Se habla de una ausencia más o menos larga. De la figura de un esposo hemos pasado a la de un hombre que se ausenta por un tiempo. Su ausencia servirá para que cada uno de sus siervos (tres son una totalidad) haga trabajar los talentos que les ha­bían confiado. Al principio se creía que la vuelta del «hombre» sería inminente; hoy, casi nadie habla de ello. La diferencia en la donación de los talentos, cinco, dos, uno, no se habría de relacionar con el premio que les tiene preparado, según se desprende del hecho que hace el mismo elogio del primero y del segundo: «¡Muy bien, siervo bueno y fiel!; <em>como</em> en pocas cosas has sido fiel, sobre muchas cosas te estableceré: entra en el gozo de tu señor.» En el ámbito de Dios los números no cuentan ni las ganancias, sino la actitud y el lucro que se aporta haciendo trabajar los talentos que le han sido confiados. El gozo es el mismo para todos y no solamente llenará su capacidad, sino que la colmará hasta rebosar. En el Reino de Dios no se pierde nada: si alguno no hace trabajar su talento y lo esconde bajo tierra, por miedo o indolencia, este talento será dado a otro que aporte sus frutos. Los talentos son un don gratuito de Dios y se dan según la capacidad de cada uno. La capacidad es propia e inalienable, pero no los talentos que Dios otorga, en los que la cantidad no cuenta nada en absoluto, sino el beneficio que reporta. La parábola es optimista: dos tercios de los siervos duplican las ganancias; un tercio ha actuado con miedo y cobardía: como mínimo, viene a decirle, debería haber actuado como la banca mundial, y Dios habría recuperado los intereses, por muy insignificantes que fueran&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> Mateo, a continuación de la parábola de las diez chicas, que solo él ha desarrollado, formula otra de manera asindética (Códice Beza) o a la manera de una explicación (texto usual), la parábola de los talentos. Marcos tan solo la apunta después de invitar a los discípulos a velar, ya que no saben cuándo llegará el momento de la venida del Señor (Mc 13,33-34); Lucas la transcribirá modificada y en otro lugar, la parábola de las minas, dándole una lectura bastante diferente (Lc 19,11-27).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> En los tres casos se trata de una cantidad extraordinariamente grande, dado que un «talento» equivale aproximadamente a 21,7 kg de plata.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> La gran mayoría de manuscritos leen «diez», sumando los cinco que ya tenía a los cinco que se ha ganado. El Códice Beza, en cambio, habla del que había producido «los cinco talentos» y a quien, ahora, además de los cinco talentos que él se había «<em>lucrado</em>» con su trabajo, le darán el talento del siervo gandul. El texto usual habla siempre y tan solo de «ganar», mientras que el Códice Beza, en dos ocasiones, cuando el primero y el segundo siervo hablan con su señor, emplean el verbo perfectivo «lucrar», diferenciando así la ganancia que ellos habían reportado del don que habían recibido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[4]</a> El verbo griego <em>echein,</em> <em>tener, poseer, </em>en un determinado contexto, como aquí, adquiere el sentido de <em>producir. </em>Al tercer siervo, como no ha hecho <em>producir</em> el talento que le habían confiado, le será quitado el talento que <em>tenía</em> escondido en un hoyo en la tierra, para que otro lo haga rendir.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2514-30-2/">Mt 25,14-30</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Mt 25,1-13</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-251-13-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Nov 2023 13:29:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(709 553) Mt 25,1-13 Códice Beza 25,1Entonces el Reino de los cielos se parecerá a diez jóvenes núbiles, que, habiendo tomado consigo sus antorchas, salieron al encuentro del esposo y la esposa.[1] 2 Cinco de ellas, sin embargo, eran necias y cinco sensatas. 3Las necias, pues, al tomar sus antorchas, no tomaron con ellas aceite en sus alcuzas; 4 en cambio, las sensatas tomaron aceite en las alcuzas juntamente con sus antorchas. 5Como el esposo tardaba, se adormecieron todas y se durmieron. 6 A media noche resonó un grito: «¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid al encuentro de él!». 7Entonces se levantaron todas las jóvenes y aderezaron sus antorchas. 8Pero las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos de vuestro aceite, que nuestras antorchas se apagan.» 9 Les sensatas respondieron diciendo: «No fuera el caso que no haya suficiente para nosotras y para vosotras, será mejor que vayáis a los vendedores y os lo com­préis.» 10 Mientras se iban de allí[2] a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron en compañía suya al banquete de boda, y se cerró la puerta. 11Más tarde llegaron[3] las otras jóvenes diciendo: «¡Señor, señor, ábrenos!». 12Pero él, en respuesta, dijo: «En verdad os digo: no os conozco.»[4] 13 «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.»[5] Diez jóvenes núbiles salen al encuentro del esposo y la esposa La parábola de las diez jóvenes núbiles, en edad de ser desposadas, las damas de honor del esposo y de la esposa el día de su boda, es una de las mejores comparaciones empleadas por Jesús para describir cómo será el Reino de los cielos. El Códice Beza, reforzado por todas las versiones antiguas, conserva la lección original de la parábola: «salieron al encuentro del esposo y la esposa». La mayoría de manuscritos omiten «y la esposa», por el machismo dominante en la sociedad. La cifra 10 subraya la unidad del grupo. Pero, de inmediato, se nos informa de que están profundamente divididas entre ellas: 5 son necias y 5 sensatas, como sucede generalmente en nuestra sociedad. El aceite que unas llevan en sus alcuzas y las otras no, marca la diferencia entre el sentido común y la necedad. Todas ellas están bien proveídas de antorchas y de alcuzas, hoy diríamos de redes sociales, pero si no hay aceite, las antorchas no pueden dar luz. El aceite que llevan las sensatas es personal de cada una de ellas e intransferible: es el aceite que destilan de su interior poniendo bálsamo en las situaciones más difíciles. Hoy están de fiesta, han de iluminar la boda del esposo y la esposa. La diferencia entre las sensatas y las necias radica en el aceite que llevan siempre con ellas las jóvenes sensatas, mientras que las necias lo deben ir a comprar, deben contar con el dinero injusto, el dios Mamon, de la sociedad de consumo. La coincidencia entre el momento de su partida y el de la llegada del esposo, expresa muy bien la idea de Jesús de excluir del Reino tanto el ‘comprar’ como el ‘vender’. El aceite que han ido a comprar a los vendedores no les abre la puerta cuando llegan más tarde y suplican: «¡Señor, señor, ábrenos!». El esposo dice que no las conoce, porque no han estado velando hasta el momento de su llegada. «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora», lo refiere ahora a los discípulos y también a nosotros. El retraso de la venida del Esposo es una idea típica de Mateo. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] La lección más antigua leía «y la esposa» (Códice Beza, el original de algunos códices minúsculos, todas las antiguas versiones latinas, siríacas y coptas); paulatinamente la eliminaron en los otros manuscritos por influencia de las grandes iglesias del arco mediterráneo. [2] El Códice Beza precisa muy bien que el esposo llegó «mientras se iban de allí» las jóvenes necias a comprar aceite a los vendedores, coincidiendo el momento de la partida con el de la llegada del esposo; todos los otros manuscritos leen: «Pero mientras ellas iban a comprar», sin acentuar la coincidencia. Una variante no atestada en las ediciones críticas modernas. [3] Una nueva variante que tampoco ha sido atestada modernamente: Beza lee «llegaron» coincidiendo con la acción anterior de «llegó» el esposo; los otros manuscritos leen ahora en tiempo presente, «llegan también», como si no hubiese ocurrido nada. [4] Tanto la parábola de las diez jóvenes núbiles de hoy, como la de los talentos que leeremos el domingo próximo, como también el juicio de las naciones con el que concluiremos el tiempo ordinario del año litúrgico, están perfectamente encuadradas en el Monte de los Olivos donde se sentó Jesús como en una cátedra enfrente del Templo de Jerusalén y a donde se le acercaron los discípulos para hacerle dos preguntes fundamentales sobre la preanunciada destrucción del Templo y la señal manifiesta de&#160; su venida (24,3). [5] La última frase ya no forma parte de la parábola: va dirigida ahora a los discípulos (ver 24,3), a quienes repite la invitación que les había hecho poco antes de permanecer velando: «Por eso también vosotros estad preparados, porque a la hora que no os pensáis llega el Hijo del hombre» (24,44). Los discípulos (masc.) «han de estar preparados» (24,44); las jóvenes sensatas (fem.), ya «están preparadas», por eso han podido entrar en compañía del esposo a la sala del banquete. Las jóvenes sensatas de la parábola representan, en realidad, a todos los amigos íntimos de Jesús, como María Magdalena y el Discípulo amado, entre otros muchos.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-251-13-2/">Mt 25,1-13</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/guilherme-stecanella-smCn7Cbhk_c-unsplash_web-1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-13382" style="width:601px;height:auto" srcset="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/guilherme-stecanella-smCn7Cbhk_c-unsplash_web-1-1024x683.jpg 1024w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/guilherme-stecanella-smCn7Cbhk_c-unsplash_web-1-300x200.jpg 300w, https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/11/guilherme-stecanella-smCn7Cbhk_c-unsplash_web-1-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">guilherme-stecanella-smCn7Cbhk_c-unsplash</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">(709 553) <em>Mt 25,1-13 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>25,1</sup>Entonces el Reino de los cielos se parecerá a diez jóvenes núbiles, que, habiendo tomado consigo sus antorchas, salieron <em>al encuentro</em> del esposo <em>y la esposa</em>.<a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a> <sup>2 </sup>Cinco de ellas, sin embargo, eran necias y cinco sensatas. <sup>3</sup>Las necias, pues, al tomar sus antorchas, no tomaron con ellas aceite <em>en sus alcuzas</em>; <sup>4 </sup>en cambio, las sensatas tomaron aceite en las alcuzas juntamente con <em>sus</em> antorchas. <sup>5</sup>Como el esposo tardaba, se adormecieron todas y se durmieron. <sup>6 </sup>A media noche resonó un grito: «¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid al encuentro <em>de él</em>!». <sup>7</sup>Entonces se levantaron todas las jóvenes y aderezaron <em>sus</em> antorchas. <sup>8</sup>Pero las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos de vuestro aceite, que nuestras antorchas se apagan.» <sup>9 </sup>Les sensatas respondieron diciendo: «No fuera el caso que no haya suficiente para nosotras y para vosotras, será mejor que vayáis a los vendedores y os lo com­préis.» <sup>10 </sup><em>Mientras se iban de allí</em><a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a> a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron en compañía suya al banquete de boda, y se cerró la puerta. <sup>11</sup>Más tarde <em>llegaron</em><a id="_ednref3" href="#_edn3">[3]</a> las otras jóvenes diciendo: «¡Señor, señor, ábrenos!». <sup>12</sup>Pero él, en respuesta, dijo: «En verdad os digo: no os conozco.»<a id="_ednref4" href="#_edn4">[4]</a> <sup>13 </sup>«Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.»<a id="_ednref5" href="#_edn5">[5]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Diez jóvenes núbiles salen al encuentro del esposo y la esposa</h4>



<p class="wp-block-paragraph">La parábola de las diez jóvenes núbiles, en edad de ser desposadas, las damas de honor del esposo y de la esposa el día de su boda, es una de las mejores comparaciones empleadas por Jesús para describir cómo será el Reino de los cielos. El Códice Beza, reforzado por todas las versiones antiguas, conserva la lección original de la parábola: «salieron <em>al encuentro</em> del esposo <em>y la esposa»</em>. La mayoría de manuscritos omiten «y la esposa», por el machismo dominante en la sociedad. La cifra 10 subraya la unidad del grupo. Pero, de inmediato, se nos informa de que están profundamente divididas entre ellas: 5 son necias y 5 sensatas, como sucede generalmente en nuestra sociedad. El aceite que unas llevan en sus alcuzas y las otras no, marca la diferencia entre el sentido común y la necedad. Todas ellas están bien proveídas de antorchas y de alcuzas, hoy diríamos de redes sociales, pero si no hay aceite, las antorchas no pueden dar luz. El aceite que llevan las sensatas es personal de cada una de ellas e intransferible: es el aceite que destilan de su interior poniendo bálsamo en las situaciones más difíciles. Hoy están de fiesta, han de iluminar la boda del esposo y la esposa. La diferencia entre las sensatas y las necias radica en el aceite que llevan siempre con ellas las jóvenes sensatas, mientras que las necias lo deben ir a comprar, deben contar con el dinero injusto, el dios Mamon, de la sociedad de consumo. La coincidencia entre el momento de su partida y el de la llegada del esposo, expresa muy bien la idea de Jesús de excluir del Reino tanto el ‘comprar’ como el ‘vender’. El aceite que han ido a comprar a los vendedores no les abre la puerta cuando llegan más tarde y suplican: «¡Señor, señor, ábrenos!». El esposo dice que no las conoce, porque no han estado velando hasta el momento de su llegada. «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora», lo refiere ahora a los discípulos y también a nosotros. El retraso de la venida del Esposo es una idea típica de Mateo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> La lección más antigua leía «y la esposa» (Códice Beza, el original de algunos códices minúsculos, todas las antiguas versiones latinas, siríacas y coptas); paulatinamente la eliminaron en los otros manuscritos por influencia de las grandes iglesias del arco mediterráneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> El Códice Beza precisa muy bien que el esposo llegó «<em>mientras se iban de allí</em>» las jóvenes necias a comprar aceite a los vendedores, coincidiendo el momento de la partida con el de la llegada del esposo; todos los otros manuscritos leen: «Pero mientras ellas iban a comprar», sin acentuar la coincidencia. Una variante no atestada en las ediciones críticas modernas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> Una nueva variante que tampoco ha sido atestada modernamente: Beza lee «llegaron» coincidiendo con la acción anterior de «llegó» el esposo; los otros manuscritos leen ahora en tiempo presente, «llegan también», como si no hubiese ocurrido nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[4]</a> Tanto la parábola de las diez jóvenes núbiles de hoy, como la de los talentos que leeremos el domingo próximo, como también el juicio de las naciones con el que concluiremos el tiempo ordinario del año litúrgico, están perfectamente encuadradas en el Monte de los Olivos donde se sentó Jesús como en una cátedra enfrente del Templo de Jerusalén y a donde se le acercaron los discípulos para hacerle dos preguntes fundamentales sobre la preanunciada destrucción del Templo y la señal manifiesta de&nbsp; su venida (24,3).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[5]</a> La última frase ya no forma parte de la parábola: va dirigida ahora a los discípulos (ver 24,3), a quienes repite la invitación que les había hecho poco antes de permanecer velando: «Por eso también vosotros estad preparados, porque a la hora que no os pensáis llega el Hijo del hombre» (24,44). Los discípulos (masc.) «han de estar preparados» (24,44); las jóvenes sensatas (fem.), ya «están preparadas», por eso han podido entrar en compañía del esposo a la sala del banquete. Las jóvenes sensatas de la parábola representan, en realidad, a todos los amigos íntimos de Jesús, como María Magdalena y el Discípulo amado, entre otros muchos.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-251-13-2/">Mt 25,1-13</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Mt 23,1-12</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-231-12-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Nov 2023 13:15:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(708 552) Mt 23,1-12 Códice Beza 23,1Entonces Jesús se dirigió a las multitudes y a sus discípulos[1] 2 diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. 3Haced, pues, y observad todo aquello que digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. 4 Atan, en efecto, cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con su dedo las quieren mover. 5Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres. En efecto, se hacen bien amplias las filacterias y alargan las borlas de sus mantos; 6 aprecian los primeros lugares en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, 7 así como los saludos en las plazas y hacerse llamar por los hombres ‘Rabí, rabí’. 8 Vosotros, sin embargo, no os hagáis llamar ‘rabí’, porque uno solo es vuestro guía, mientras que todos vosotros sois hermanos; 9 ni os hagáis llamar ‘padre’ en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; 10 ni os hagáis llamar ‘guías’, porque uno solo es  vuestro guía, el Mesías. 11 El más grande entre vosotros será vuestro servidor. 12 Todo aquel que se enaltezca, será humillado y todo aquel que se humille será enaltecido.»[2] El mas grade entre vosotros será vuestro servidor En el marco imponente del Templo de Jerusalén, después de que Jesús lo hubiera tildado de «cueva de bandidos» (Mt 21,13), los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, flanqueados por los fariseos, los saduceos y los maestros de la Ley, se han ido turnando para cuestionar su autoridad y tratar de atraparlo en alguna expresión comprometedora, como era la cuestión candente de pagar o no el tributo al César, y así poderlo acusar delante de la autoridad romana. «Entonces Jesús se dirigió a las multitudes y a sus discípulos diciendo: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.”» Inicia así una serie de acusaciones contra los maestros de la Ley y los fariseos. Primero advierte a la gente sobre su hipocresía: «Haced, pues, y observad todo aquello que digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan, en efecto, cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con su dedo las quieren mover.» Denuncia seguidamente su ostentación religiosa: «Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres» y su afán de protagonismo: «Aman los primeros lugares en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas, los saludos en las plazas y se hace llamar por los hombres ‘Rabí, rabí’.» Previendo que en el interior de la comunidad cristiana se repetirán conductas semejantes, advierte a sus discípulos: «Vosotros, sin embargo, no os hagáis llamar ‘rabí’, porque uno solo es vuestro guía, pues todos vosotros sois hermanos; ni os hagáis llamar ‘padre’ en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; ni os hagáis llamar ‘guías’, porque uno solo es vuestro guía, el Mesías.» El único magisterio que nos guía por el buen camino es el de Jesús. Lo rubrica con una frase que se va abriendo paso lentamente en las iglesias y en la comunidad humana: «El más grande entre vosotros será vuestro servidor», poniéndose él mismo como ejemplo al quitarse el manto y ceñirse la toalla para lavar los pies a sus discípulos. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] Después de la expulsión de los vendedores del Templo, mientras enseñaba en el Templo, se presentaron a Jesús los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le formularon dos preguntas: «Con qué autoridad haces esto? y ¿Quién te ha dado tal autoridad?», cuestionando así su autoridad. Jesús les respondió con una contrapregunta: «Si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto: «El bau­tismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Si responden «del cielo», les dirá: «¿Entonces por qué no lo creísteis?». Si responden «de los hombres», temen la reacción del pueblo que considera a Juan como un profeta. Y optan por hacerse los ignorantes: «No sabemos.» Jesús les replica entonces: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto» (Mt 21,23-27). Me he extendido en esta nota, por cuanto no se ha leído este pasaje tan crucial en la comunidad dominical. En cinco domingos sucesivos tendremos ocasión de desgranar esta controversia con los sumos sacerdotes, los escribas, los fariseos y los herodianos, que querían atrapar a Jesús con una cuestión que le comprometiera, «El tributo debido al César», dejaremos de lado la cuestión de moral que le pararon los saduceos sobre la ley del levirato, finalizando con el planteamiento de un legista, un miembro diríamos hoy del Tribunal Supremo, sobre el mandamiento principal de la Ley. [2] Es una lástima que nos hayamos saltado, este domingo, la cuestión que puso Jesús a los fariseos y que se quedó sin respuesta sobre si el Mesías era o no el hijo de David (Mt 22,41. Jesús deja bien claro que él no es el Mesías davídico, victorioso, que la mayoría esperaba (Mt 22,41-46). Si nos atenemos al Evangelio de Juan, Juan Bautista, cuando vio que Jesús venia hacia él a bautizarse en el Jordán, lo presentó diciendo: «He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29) y lo repitió a los dos discípulos que pasó a Jesús: «He aquí el Cordero de Dios» (1,36). De ahí que, más adelante, la gente se preguntara: «¿Acaso va a venir de Galilea el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David y de Belén, la aldea de donde era David?» (7,41-42). El Bautista hacía referencia al Cordero que será traspasado con la espada, sin romperle ningún hueso, y será inmolado así a Dios por los pecados del mundo, en substitución de los corderos que eran inmolados el día solemne de la Preparación (19,31-34). Se</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-231-12-2/">Mt 23,1-12</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">(708 552) <em>Mt 23,1-12 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>23,1</sup>Entonces Jesús se dirigió a las multitudes y a sus discípulos<a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a><sup> 2 </sup>diciendo: «En la <em>cátedra de Moisés</em> se han sentado los escribas y los fariseos. <sup>3</sup><em>Haced</em>, pues, y observad todo aquello que digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. <sup>4 </sup>Atan, <em>en efecto,</em> cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con su dedo las quieren mover. <sup>5</sup>Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres. En efecto, se hacen bien amplias las filacterias y alargan las borlas de sus mantos; <sup>6 </sup>aprecian los primeros lugares en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, <sup>7 </sup>así como los saludos en las plazas y hacerse llamar por los hombres ‘Rabí, <em>rabí</em>’. <sup>8 </sup>Vosotros, sin embargo, no os hagáis llamar ‘rabí’, porque uno solo es vuestro <em>guía</em>, mientras que todos vosotros sois hermanos; <sup>9 </sup>ni <em>os</em> hagáis llamar ‘padre’ en la tierra, porque uno solo es<em> vuestro Padre</em>, <em>el que está en los cielos</em>; <sup>10 </sup>ni os hagáis llamar ‘guías’, porque <em>uno solo es</em>  vuestro guía, el Mesías. <sup>11 </sup>El más grande entre vosotros será vuestro servidor. <sup>12 </sup>Todo aquel que se enaltezca, será humillado y todo aquel que se humille será enaltecido.»<a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">El mas grade entre vosotros será vuestro servidor</h4>



<p class="wp-block-paragraph">En el marco imponente del Templo de Jerusalén, después de que Jesús lo hubiera tildado de «cueva de bandidos» (Mt 21,13), los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, flanqueados por los fariseos, los saduceos y los maestros de la Ley, se han ido turnando para cuestionar su autoridad y tratar de atraparlo en alguna expresión comprometedora, como era la cuestión candente de pagar o no el tributo al César, y así poderlo acusar delante de la autoridad romana. «Entonces Jesús se dirigió a las multitudes y a sus discípulos diciendo: “En la <em>cátedra de Moisés</em> se han sentado los escribas y los fariseos.”» Inicia así una serie de acusaciones contra los maestros de la Ley y los fariseos. Primero advierte a la gente sobre su hipocresía: «Haced, pues, y observad todo aquello que digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan, <em>en efecto,</em> cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con su dedo las quieren mover.» Denuncia seguidamente su ostentación religiosa: «Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres» y su afán de protagonismo: «Aman los primeros lugares en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas, los saludos en las plazas y se hace llamar por los hombres ‘Rabí, <em>rabí</em>’.» Previendo que en el interior de la comunidad cristiana se repetirán conductas semejantes, advierte a sus discípulos: «Vosotros, sin embargo, no os hagáis llamar ‘rabí’, porque uno solo es vuestro <em>guía</em>, pues todos vosotros sois hermanos; ni o<em>s</em> hagáis llamar ‘padre’ en la tierra, porque uno solo es<em> vuestro Padre</em>, <em>el que está en los cielos</em>; ni os hagáis llamar ‘guías’, porque <em>uno solo es</em> vuestro guía, el Mesías.» El único magisterio que nos guía por el buen camino es el de Jesús. Lo rubrica con una frase que se va abriendo paso lentamente en las iglesias y en la comunidad humana: «El más grande entre vosotros será vuestro servidor», poniéndose él mismo como ejemplo al quitarse el manto y ceñirse la toalla para lavar los pies a sus discípulos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<iframe title="(708 552) Domingo XXXI del tiempo ordinario // Mt 23,1-12 Códice Beza" width="800" height="450" src="https://www.youtube.com/embed/2yKZjBnX08s?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> Después de la expulsión de los vendedores del Templo, mientras enseñaba en el Templo, se presentaron a Jesús los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le formularon dos preguntas: «Con qué autoridad haces esto? y ¿Quién te ha dado tal autoridad?», cuestionando así su autoridad. Jesús les respondió con una contrapregunta: «Si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto: «El bau­tismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Si responden «del cielo», les dirá: «¿Entonces por qué no lo creísteis?». Si responden «de los hombres», temen la reacción del pueblo que considera a Juan como un profeta. Y optan por hacerse los ignorantes: «No sabemos.» Jesús les replica entonces: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto» (Mt 21,23-27). Me he extendido en esta nota, por cuanto no se ha leído este pasaje tan crucial en la comunidad dominical. En cinco domingos sucesivos tendremos ocasión de desgranar esta controversia con los sumos sacerdotes, los escribas, los fariseos y los herodianos, que querían atrapar a Jesús con una cuestión que le comprometiera, «El tributo debido al César», dejaremos de lado la cuestión de moral que le pararon los saduceos sobre la ley del levirato, finalizando con el planteamiento de un legista, un miembro diríamos hoy del Tribunal Supremo, sobre el mandamiento principal de la Ley.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> Es una lástima que nos hayamos saltado, este domingo, la cuestión que puso Jesús a los fariseos y que se quedó sin respuesta sobre si el Mesías era o no el hijo de David (Mt 22,41. Jesús deja bien claro que él no es el Mesías davídico, victorioso, que la mayoría esperaba (Mt 22,41-46). Si nos atenemos al Evangelio de Juan, Juan Bautista, cuando vio que Jesús venia hacia él a bautizarse en el Jordán, lo presentó diciendo: «He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29) y lo repitió a los dos discípulos que pasó a Jesús: «He aquí el Cordero de Dios» (1,36). De ahí que, más adelante, la gente se preguntara: «¿Acaso va a venir de Galilea el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David y de Belén, la aldea de donde era David?» (7,41-42). El Bautista hacía referencia al Cordero que será traspasado con la espada, sin romperle ningún hueso, y será inmolado así a Dios por los pecados del mundo, en substitución de los corderos que eran inmolados el día solemne de la Preparación (19,31-34). Se trata del Mesías sufriente que profetizó Isaías en el Cantico cuarto sobre el Siervo del Señor (Is 52,13–53,12), al que alude en parte el eunuco etíope en el libro de los Hechos (Hch 8,32-33).</p>
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		<title>Mt 22,34-40</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2234-40-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Nov 2023 12:53:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(707 551) Mt 22,34-40 Códice Beza 22,34Los fariseos, al enterarse de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se congregaron frente a él.[1] 35 Y uno de ellos, un jurista, lo interrogó poniéndolo a prueba diciendo: 36 «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la Ley?». 37 Jesús le respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. 38Este es el gran y primer mandamiento. 39Pero el segundo es semejante a éste:[2] Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» 40 De estos dos mandamientos penden la entera Ley, así como los Profetas.»[3] Jesús sitúa en el mismo plano el amor que se debe a Dios y el que se debe al prójimo Los fariseos no estaban presentes cuando los saduceos propusieron a Jesús un caso de moral para ridiculizar su creencia en la resurrección. Cuando se enteraron de que los había hecho callar, «se congregaron frente a él», según el Códice Beza (según el texto usual, en cambio, se habrían reunido «con el mismo propósito» para deliberar qué estrategia habían de seguir), y un miembro cualificado de su partido, un jurista, lo interrogó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la Ley?». La pregunta hecha por el jurista tiene muy mala intención: quiere poner a prueba a Jesús para ver si recita correctamente la Torá o, más aún, si acepta la Ley como la Constitución básica del pueblo de Israel. Si se lo pregunta, podemos deducir que no le constaba que hablara de ello. La respuesta de Jesús es la que daría todo judío piadoso, conocida por las dos palabras con las que comienza: «Shemá Israel» («Escucha, Israel»). Jesús lo recita tal como se formula en el Deuteronomio (Dt 6,5), citándolo según la antigua versión griega de los Setenta: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con tota tu alma y con toda tu mente.» Y añade, repitiendo la pregunta del jurista y agregando «primero»: «Este es el gran y primer mandamiento», para poder introducir de inmediato: «Pero, el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo», un mandamiento que se encuentra en el Levítico (Lv 19,18). Notemos la manera enfática como Beza introduce el segundo mandamiento, con la adversativa «Pero el segundo&#8230;», a diferencia de los códices Vaticano y Sinaítico que se limitan a decir: «El segundo, de manera semejante.» Jesús une estos dos mandamientos, que estaban dispersos en la Torá (Levítico y Deuteronomio), poniéndolos en el mismo plano. Más incisivo aún es el comentario que hace a continuación: «De estos dos mandamientos pende la entera Ley, así como los Profetas.» Además de situarlos en el mismo plano, Jesús considera que uno y otro son el eje sobre el cual se apoya toda la Escritura. No se atreven a hacerle más preguntas.   Josep Rius-CampsTeólogo y biblista                                            [1] El Códice Beza, avalado por las antiguas versiones latinas, siríacas y coptas, lee: «frente a él», mientras que el resto de manuscritos leen: «con el mismo propósito». Según el texto usual, se habrían reunido antes con un propósito común, es decir, para deliberar qué estrategia seguirían; según Beza y versiones antiguas, se habrían «congregado» para enfrentarse a Jesús, dado que no estaban presentes cuando hizo callar a los saduceos y se habían enterado por algunos espías. Las multitudes que habían asistido al debate establecido entre Jesús y los saduceos, al oír la respuesta de Jesús, «quedaron impresionadas por su enseñanza» (Mt 22,33). Los fariseos habrían tomado el relevo para continuar el debate y poner a Jesús en evidencia. [2] Mateo, según el Códice Beza, pone un «pero» entre el primer mandamiento y el segundo: «Pero el segundo es semejante a este», llamando así la atención a sus oyentes judíos sobre el segundo mandamiento y situando uno y otro mandamiento en el mismo plano. [3] Desgraciadamente ni este domingo ni el próximo domingo leeremos la respuesta de Jesús a la acometida de los fariseos: «Estando congregados los fariseos, Jesús les interrogó diciendo: “¿Que pensáis vosotros sobre el Mesías? ¿De quién es hijo?”. Le responden: “De David.” Les pregunta de nuevo: “¿Cómo es, pues, que David inspirado por el Espíritu le llama Señor, cuando dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies’ (Sl 109 [110],1 lxx). Si, pues, David inspirado por el Espíritu le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?”. Y ninguno fue capaz de responderle nada, ni nadie ya no se atrevió a partir de aquel momento a interrogarlo» (Mt 22,41-46). Esta omisión no es casual. Tanto en nuestra liturgia como en muchas de nuestras homilías Jesús continúa siendo invocado como el Mesías davídico: «Hijo de David, ¡ten compasión de nosotros!» (9,27) u otras invocaciones parecidas. No hemos renunciado jamás al Me­sías davídico que tanto esperaba el pueblo judío. Nos costará mucho asimilar que el Mesías tan esperado fue clavado en un patíbulo con un rótulo encima escrito en hebreo, latín y griego: «Jesús el Nazoreo, el Rey de los judíos» (Jn 19,19-20).</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">(707 551)  <em>Mt 22,34-40 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>22,34</sup>Los fariseos, al enterarse de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se congregaron <em>frente a él.</em><a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a> <sup>35 </sup>Y uno de ellos, un jurista, lo interrogó poniéndolo a prueba<em> diciendo</em>: <sup>36 </sup>«Maestro, ¿cuál es <em>el gran mandamiento de la Ley</em>?». <sup>37 </sup><em>Jesús</em> le respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. <sup>38</sup>Este es el gran y primer mandamiento. <sup>39</sup><em>Pero</em> el segundo es <em>semejante</em> <em>a éste</em>:<a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a> Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» <sup>40 </sup>De estos dos mandamientos penden la entera Ley, así como los Profetas.»<a id="_ednref3" href="#_edn3">[3]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Jesús sitúa en el mismo plano el amor que se debe a Dios y el que se debe al prójimo</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Los fariseos no estaban presentes cuando los saduceos propusieron a Jesús un caso de moral para ridiculizar su creencia en la resurrección. Cuando se enteraron de que los había hecho callar, «se congregaron <em>frente a él</em>», según el Códice Beza (según el texto usual, en cambio, se habrían reunido «con el mismo propósito» para deliberar qué estrategia habían de seguir), y un miembro cualificado de su partido, un jurista, lo interrogó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es <em>el gran mandamiento de la Ley</em>?». La pregunta hecha por el jurista tiene muy mala intención: quiere poner a prueba a Jesús para ver si recita correctamente la Torá o, más aún, si acepta la Ley como la Constitución básica del pueblo de Israel. Si se lo pregunta, podemos deducir que no le constaba que hablara de ello. La respuesta de Jesús es la que daría todo judío piadoso, conocida por las dos palabras con las que comienza: «Shemá Israel» («Escucha, Israel»). Jesús lo recita tal como se formula en el Deuteronomio (Dt 6,5), citándolo según la antigua versión griega de los Setenta: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con tota tu alma y con toda tu mente.» Y añade, repitiendo la pregunta del jurista y agregando «primero»: «Este es el gran y primer mandamiento», para poder introducir de inmediato: «<em>Pero</em>, el segundo es <em>semejante</em> <em>a éste</em>: Amarás a tu prójimo como a ti mismo», un mandamiento que se encuentra en el Levítico (Lv 19,18). Notemos la manera enfática como Beza introduce el segundo mandamiento, con la adversativa «<em>Pero </em>el segundo&#8230;», a diferencia de los códices Vaticano y Sinaítico que se limitan a decir: «El segundo, de manera semejante.» Jesús une estos dos mandamientos, que estaban dispersos en la Torá (Levítico y Deuteronomio), poniéndolos en el mismo plano. Más incisivo aún es el comentario que hace a continuación: «De estos dos mandamientos pende la entera Ley, así como los Profetas.» Además de situarlos en el mismo plano, Jesús considera que uno y otro son el eje sobre el cual se apoya toda la Escritura. No se atreven a hacerle más preguntas.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> El Códice Beza, avalado por las antiguas versiones latinas, siríacas y coptas, lee: «<em>frente</em> <em>a</em><em> él</em>», mientras que el resto de manuscritos leen: «con el mismo propósito». Según el texto usual, se habrían reunido antes con un propósito común, es decir, para deliberar qué estrategia seguirían; según Beza y versiones antiguas, se habrían «congregado» para <em>enfrentarse</em> a Jesús, dado que no estaban presentes cuando hizo callar a los saduceos y se habían enterado por algunos espías. Las multitudes que habían asistido al debate establecido entre Jesús y los saduceos, al oír la respuesta de Jesús, «quedaron impresionadas por su enseñanza» (Mt 22,33). Los fariseos habrían tomado el relevo para continuar el debate y poner a Jesús en evidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> Mateo, según el Códice Beza, pone un «pero» entre el primer mandamiento y el segundo: «<em>Pero</em> el segundo es <em>semejante</em> <em>a este»</em>, llamando así la atención a sus oyentes judíos sobre el segundo mandamiento y situando uno y otro mandamiento en el mismo plano.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> Desgraciadamente ni este domingo ni el próximo domingo leeremos la respuesta de Jesús a la acometida de los fariseos: «Estando congregados los fariseos, Jesús les interrogó diciendo: “¿Que pensáis vosotros sobre el Mesías? ¿De quién es hijo?”. Le responden: “De David.” Les pregunta de nuevo: “¿Cómo es, pues, que David inspirado por el Espíritu le llama Señor, cuando dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies’ (Sl 109 [110],1 lxx). Si, pues, David <em>inspirado por el Espíritu</em> le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?”. Y ninguno fue capaz de responderle nada, ni nadie ya no se atrevió a partir de aquel <em>momento</em> a interrogarlo» (Mt 22,41-46). Esta omisión no es casual. Tanto en nuestra liturgia como en muchas de nuestras homilías Jesús continúa siendo invocado como el Mesías davídico: «Hijo de David, ¡ten compasión de nosotros!» (9,27) u otras invocaciones parecidas. No hemos renunciado jamás al Me­sías davídico que tanto esperaba el pueblo judío. Nos costará mucho asimilar que el Mesías tan esperado fue clavado en un patíbulo con un rótulo encima escrito en hebreo, latín y griego: «Jesús el Nazoreo, el Rey de los judíos» (Jn 19,19-20).</p>
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		<title>Mt 22,15-21</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2215-21-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Oct 2023 12:49:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Católico]]></category>
		<category><![CDATA[Còdex Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Codex Bezae]]></category>
		<category><![CDATA[Códice Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Evangeli]]></category>
		<category><![CDATA[Mt 22 15 21]]></category>
		<category><![CDATA[Rius Camps]]></category>
		<category><![CDATA[TEXT]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(706 550) Mt 22,15-21 Códice Beza 22,15Entonces los fariseos se fueron y celebraron un consejo sobre la forma en que lo desacreditarían en alguna palabra. 16Y le envían sus discípulos, juntamente con los par­tidarios de Hero­des, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios realmente y que no te importa la opinión de nadie, porque no haces distinción de personas. 17Qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?». 18 Mas Jesús, conocien­do su malicia, dijo: «¿Por qué me ponéis a prueba, hipócritas? 19Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario. 20 Jesús les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». 21Le dicen: «Del César.» Entonces les dice: «Devolved[1] lo que es del César al César, y lo que es de Dios a Dios.» 22 Al oírlo, se sorprendieron y, dejándolo, se fueron.[2] Devolved al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios El enfrentamiento de Jesús con los dirigentes judíos va subiendo de tono. Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo le habían requerido sobre la autoridad con que actuaba, pero no les dio ninguna respuesta, pues ellos se habían guardado bien de reconocer que el bautismo de Juan era obra de Dios, en quien ellos jamás habían creído (I); se identificaron con el hijo menor de la parábola, orgullosos de haber aceptado el encargo de ir a trabajar a la viña, minimizando que después no fueron (II); evitaron asumir que serían ellos los viñadores homicidas que asesinarían a los sirvientes del Señor de la viña y matarían al heredero, su Hijo, para quedarse con la herencia (III); finalmente, habían quedado en evidencia, con&#160; la parábola del rey que celebraba la boda de su hijo: ellos, los primeros en ser llamados a la boda, se habían hecho indignos, pasando a ser los invitados a la boda los marginados de Israel, diseminados por los cruces de los caminos (IV). Los fariseos, al darse cuenta de que las parábolas que Jesús les había dirigido los desacreditaban delante del pueblo, deciden pillarlo en alguna expresión comprometedora. Van a buscarlo del brazo de los partidarios de Herodes, el brazo secular destinado a denunciar al César las palabras hostiles que esperaban que Jesús pronunciaría. Le halagan para que se pronuncie en un tema muy delicado: si se pronunciaba a favor de pagar el tributo al César, perdía el fervor del pueblo; si se negaba, los herodianos lo denunciarían como un sedicioso. Al pedirles él que le muestren la moneda de curso legal con el que se pagaba el tributo, los ha puesto entre la espada y la pared. No se dan cuenta de que, al presentarle un denario, la moneda del tributo, han aceptado en la práctica la autoridad del César, en perjuicio de la autoridad debida solamente a Dios. Jesús se les escapa cambiando el verbo «pagar», esgrimido por ellos, por el de «retornar»: «Devolved lo que es del César al César, y lo que es de Dios a Dios», manteniendo separadas las dos esferas. Josep Rius-Camps​Teólogo y biblista [1] Para interpretar correctamente la respuesta de Jesús, se debe tener en cuenta el verbo empleado por sus adversarios, «dar, pagar», un verbo simple en griego (didômi), y el verbo con el que Jesús responde al callejón sin salida planteado por aquellos, «devolver, pagar lo debido», el correspondiente verbo compuesto (apo-didômi). No es lo mismo decir: «Dad/pagad lo que es del César al César, y lo que es de Dios a Dios», que decirles: «Devolved/pagad lo que se le debe al César, etc.» Al César se le ha de pagar lo que se le debe, con la moneda que lleva su efigie, pues es él quien la ha acuñado; a Dios se le ha de devolver la autoridad que los dirigentes judíos, en su propio nombre, le han usurpado, intentando atrapar a su enviado y poderlo acusar de sedicioso delante del César de Roma. [2] Con este pasaje, en el que Jesús responde una vez más a los ataques de los dirigentes de Israel, se cierra el círculo de los intentos sutiles de sorprenderle en el quebrantamiento de la Ley. Recordando la unidad vigente entre las tres homilías precedentes y la presente, os invito a una lectura seguida de todas cuatro.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2215-21-2/">Mt 22,15-21</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">(706 550) <em>Mt 22,15-21 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>22,15</sup>Entonces los fariseos se fueron y celebraron un consejo sobre la forma en que lo desacreditarían en alguna palabra. <sup>16</sup>Y le envían sus discípulos, juntamente con los par­tidarios de Hero­des, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios realmente y que no te importa la opinión de nadie, porque no haces distinción de personas. <sup>17</sup>Qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?». <sup>18 </sup>Mas Jesús, conocien­do su malicia, dijo: «¿Por qué me ponéis a prueba, hipócritas? <sup>19</sup>Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario. <sup>20 </sup><em>Jesús</em> les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». <sup>21</sup><em>Le</em> dicen: «Del César.» Entonces les dice: «Devolved<a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a> lo que es del César <em>al</em> César, y lo que es de Dios a Dios.» <sup>22 </sup>Al oírlo, se sorprendieron y, dejándolo, se fueron.<a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Devolved al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios</h4>



<p class="wp-block-paragraph">El enfrentamiento de Jesús con los dirigentes judíos va subiendo de tono. Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo le habían requerido sobre la autoridad con que actuaba, pero no les dio ninguna respuesta, pues ellos se habían guardado bien de reconocer que el bautismo de Juan era obra de Dios, en quien ellos jamás habían creído (I); se identificaron con el hijo menor de la parábola, orgullosos de haber aceptado el encargo de ir a trabajar a la viña, minimizando que después no fueron (II); evitaron asumir que serían ellos los viñadores homicidas que asesinarían a los sirvientes del Señor de la viña y matarían al heredero, su Hijo, para quedarse con la herencia (III); finalmente, habían quedado en evidencia, con&nbsp; la parábola del rey que celebraba la boda de su hijo: ellos, los primeros en ser llamados a la boda, se habían hecho indignos, pasando a ser los invitados a la boda los marginados de Israel, diseminados por los cruces de los caminos (IV). Los fariseos, al darse cuenta de que las parábolas que Jesús les había dirigido los desacreditaban delante del pueblo, deciden pillarlo en alguna expresión comprometedora. Van a buscarlo del brazo de los partidarios de Herodes, el brazo secular destinado a denunciar al César las palabras hostiles que esperaban que Jesús pronunciaría. Le halagan para que se pronuncie en un tema muy delicado: si se pronunciaba a favor de pagar el tributo al César, perdía el fervor del pueblo; si se negaba, los herodianos lo denunciarían como un sedicioso. Al pedirles él que le muestren la moneda de curso legal con el que se pagaba el tributo, los ha puesto entre la espada y la pared. No se dan cuenta de que, al presentarle un denario, la moneda del tributo, han aceptado en la práctica la autoridad del César, en perjuicio de la autoridad debida solamente a Dios. Jesús se les escapa cambiando el verbo «pagar», esgrimido por ellos, por el de «retornar»: «Devolved lo que es del César al César, y lo que es de Dios a Dios», manteniendo separadas las dos esferas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>​Teólogo y biblista</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="(706 550) Domingo XXIX del tiempo ordinario // Mt 22,15-21 Códice Beza" width="800" height="450" src="https://www.youtube.com/embed/JDzLs8qq4xk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> Para interpretar correctamente la respuesta de Jesús, se debe tener en cuenta el verbo empleado por sus adversarios, «dar, pagar», un verbo simple en griego (<em>didômi</em>), y el verbo con el que Jesús responde al callejón sin salida planteado por aquellos, «devolver, pagar lo debido», el correspondiente verbo compuesto (<em>apo-didômi</em>). No es lo mismo decir: «Dad/pagad lo que es del César al César, y lo que es de Dios a Dios», que decirles: «Devolved/pagad lo que se le debe al César, etc.» Al César se le ha de pagar lo que se le debe, con la moneda que lleva su efigie, pues es él quien la ha acuñado; a Dios se le ha de devolver la autoridad que los dirigentes judíos, en su propio nombre, le han usurpado, intentando atrapar a su enviado y poderlo acusar de sedicioso delante del César de Roma.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> Con este pasaje, en el que Jesús responde una vez más a los ataques de los dirigentes de Israel, se cierra el círculo de los intentos sutiles de sorprenderle en el quebrantamiento de la Ley. Recordando la unidad vigente entre las tres homilías precedentes y la presente, os invito a una lectura seguida de todas cuatro.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2215-21-2/">Mt 22,15-21</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Mt 22,1-14</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-221-14-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Oct 2023 19:27:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Códice Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Evangeli]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelio]]></category>
		<category><![CDATA[Rius Camps]]></category>
		<category><![CDATA[TEXT]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(705 549) Mt 22,1-14 Códice Beza (21,45-46) Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, al darse cuenta de que la parábola de los viñadores homicidas se refería a ellos, intentaron prender a Jesús, pero tenían miedo del pueblo. 22,1 Jesús reaccionó y les habló de nuevo en parábolas, diciendo: 2 «El Reino de los cielos es semejante a un hombre[1] rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. 3Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir. 4Nuevamente envió a otros siervos a decirles: “Decid a los invitados: Mirad, ya tengo preparado mi banquete, mis terneros y los animales cebados ya han sido degollados y todo está preparado: venid a la boda.” 5 Pero ellos, sin hacerle caso, se fueron, los unos, a su propio campo; los otros, a sus negocios; 6 el resto, cogieron a sus siervos y los maltrataron y mataron. 7El rey aquel, al oírlo, se airó y, habiendo enviado su tropa, exterminó a aquellos asesinos y quemó su ciudad.[2] 8 Entonces dice a sus siervos: «La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. 9Id, pues, a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.» 10 Sus siervos salieron por los caminos y congregaron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos, y la boda se llenó de los comensales.[3] 11 Al entrar el rey para ver a los comensales, se dio cuenta de que había allí un hombre que no llevaba vestido de boda, 12 y le dice: «Amigo, ¿cómo es que has venido aquí sin vestido de boda?». Pero él se quedó mudo. 13Entonces el rey dijo a los siervos: «Cogedlo por los pies y las manos y lanzadlo a la tiniebla más foránea; allí habrá llanto y rechinar de dientes. 14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.»[4] El Reino de Dios tiene cierta semejanza con un hombre rey que celebró el banquete de bodas de su hijo «Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, al darse cuenta de que la parábola de los viñadores homicidas se refería a ellos, intentaron prender a Jesús, pero tenían miedo del pueblo» (21,45-46). «Jesús reaccionó y les habló de nuevo en parábolas.» Es la tercera de un conjunto de parábolas destinadas a los dirigentes de Israel, en el marco del Templo. Las tres tienen como protagonista a «un hombre que tenía dos hijos» (I), «un hombre dueño de la casa que plantó una viña» (II), y «un hombre rey» (III), donde «hombre» figura siempre al principio para mostrar la humanidad de Dios con quien se le compara. Las dos primeras tienen como tema central «la viña»: en un principio Dios la habría confiado a toda la humanidad, pero, al rehusar ésta de trabajarla, la confió a Israel quien, a pesar de que aceptó la Ley, no le fue fiel, hasta el punto de que los recaudadores y las prostitutas le han tomado la delantera (I); Dios mimó la viña de Israel, esperando que le aportase frutos, pero los viñadores mataron a sus siervos cuando fueron a recogerlos (II). La tercera parábola (III) está centrada en el banquete de bodas que Dios prepara para su Hijo, a quien habían matado los viñadores: ahora prepara el banquete de bodas definitivo, pero los primeros invitados no se han hecho dignos de ello. Sin inmutarse, a diferencia de «el rey aquel que, al oírlo, se airó y, habiendo enviado su tropa, exterminó a los asesinos», envía de nuevo a sus sirvientes para que vayan «por los cruces de los caminos» del mundo e inviten a todos los que encuentren, malos y buenos, a las bodas de su Hijo. El banquete se está llenando de comensales: «pobres, inválidos, ciegos y cojos», como detallará Lucas (Lc 14,21). Para poder participar en él, pone una sola condición, que lleven «el vestido de boda» que cada uno habrá adquirido con las buenas obras. Lucas se abstiene de transcribir esta observación. A Mateo le encanta todo lo que hace referencia al juicio final. Concluye las tres semblanzas con un dicho que nos invita a reflexionar: «Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.» Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] En el conjunto de tres parábolas destinadas a dar una lección a los dirigentes de Israel, tan satisfechos de ser el pueblo elegido, figura en el encabezamiento el término «hombre»: «Un hombre tenía dos hijos» (Mt 21,28), todas las naciones, el hijo mayor, e Israel, el menor (I); «Había un hombre dueño de la casa que plantó una viña», la viña de Israel, en la que los viñadores homicidas, después de matar a los Profetas, mataron también a su Hijo (II); «un hombre rey que celebró el banquete de bodas de su hijo» (III). Notemos que cuando el rey fue a ver a los comensales que los sirvientes habían encontrado «en los cruces de los caminos» del mundo, como no podía ser de otra manera, vio «un hombre que no llevaba vestido de boda». La época del Mesías que Israel esperaba ha quedado clavada en el rótulo de la cruz. Los nuevos invitados no son los que se consideraban justos y menospreciaban al resto de los hombres, sino los «hombres», la humanidad entera. Incluso al «hombre que no llevaba vestido de boda» le dice «amigo», como había dicho también a los que&#160; murmuraban porque solo habían recibido el jornal convenido (20,13): el Dios, Padre de Jesús, trata como él con los más marginados de la sociedad, representados por los cobradores de tributos y las prostitutas, confía la viña a los que le reporten frutos y no a los que tan solo observan la Ley de palabra y son infructíferos, va por los caminos de su creación buscando por todas partes a los pobres, los inválidos, los ciegos y los cojos. Jesús no para de mostrarnos la cara amable de Dios, no la que han creado, para sus intereses inconfesables, los poderosos del mundo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">(705 549) <em>Mt 22,1-14 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>(21,45-46)</sup> Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, al darse cuenta de que la parábola de los viñadores homicidas se refería a ellos, intentaron prender a Jesús, pero tenían miedo del pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>22,1 </sup>Jesús reaccionó y les habló de nuevo en parábolas, diciendo: <sup>2 </sup>«El Reino de los cielos es semejante a un hombre<a href="#_edn1" id="_ednref1">[1]</a> rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. <sup>3</sup>Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir. <sup>4</sup>Nuevamente envió a otros siervos a decirles: “Decid a los invitados: Mirad, ya tengo preparado mi banquete, mis terneros y los animales cebados ya han sido degollados y todo está preparado: venid a la boda.” <sup>5 </sup>Pero ellos, sin hacerle caso, se fueron, <em>los</em> <em>unos</em>, a su propio campo; <em>los otros</em>, a sus negocios; <sup>6 </sup>el resto, cogieron a sus siervos y los maltrataron y mataron. <sup>7</sup>El rey <em>aquel</em>, <em>al oírlo</em>, se airó y, habiendo enviado<em> su tropa</em>, exterminó a aquellos asesinos y quemó su ciudad.<a href="#_edn2" id="_ednref2">[2]</a> <sup>8 </sup>Entonces dice a sus siervos: «La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. <sup>9</sup>Id, pues, a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.» <sup>10 </sup><em>Sus</em> siervos salieron por los caminos y congregaron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos, y <em>la boda</em> se llenó<em> de los</em> comensales.<a href="#_edn3" id="_ednref3">[3]</a> <sup>11 </sup>Al entrar el rey para ver a los comensales, se dio cuenta de que había allí un hombre que no llevaba vestido de boda, <sup>12 </sup>y le dice: «Amigo, ¿cómo es que <em>has venido</em> aquí sin vestido de boda?». Pero <em>é</em><em>l </em>se quedó mudo. <sup>13</sup>Entonces el rey dijo a los siervos: «<em>Cogedlo por los pies y las manos</em> y <em>lanzadlo</em> a la tiniebla más foránea; allí habrá llanto y rechinar de dientes. <sup>14</sup>Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.»<a href="#_edn4" id="_ednref4">[4]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">El Reino de Dios tiene cierta semejanza con un hombre rey que celebró el banquete de bodas de su hijo</h4>



<p class="wp-block-paragraph">«Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, al darse cuenta de que la parábola de los viñadores homicidas se refería a ellos, intentaron prender a Jesús, pero tenían miedo del pueblo» (21,45-46). «Jesús reaccionó y les habló de nuevo en parábolas.» Es la tercera de un conjunto de parábolas destinadas a los dirigentes de Israel, en el marco del Templo. Las tres tienen como protagonista a «un hombre que tenía dos hijos» (I), «un hombre dueño de la casa que plantó una viña» (II), y «un hombre rey» (III), donde «hombre» figura siempre al principio para mostrar la humanidad de Dios con quien se le compara. Las dos primeras tienen como tema central «la viña»: en un principio Dios la habría confiado a toda la humanidad, pero, al rehusar ésta de trabajarla, la confió a Israel quien, a pesar de que aceptó la Ley, no le fue fiel, hasta el punto de que los recaudadores y las prostitutas le han tomado la delantera (I); Dios mimó la viña de Israel, esperando que le aportase frutos, pero los viñadores mataron a sus siervos cuando fueron a recogerlos (II). La tercera parábola (III) está centrada en el banquete de bodas que Dios prepara para su Hijo, a quien habían matado los viñadores: ahora prepara el banquete de bodas definitivo, pero los primeros invitados no se han hecho dignos de ello. Sin inmutarse, a diferencia de «el rey <em>aquel que</em>, <em>al oírlo</em>, se airó y, habiendo enviado<em> su tropa</em>, exterminó a los asesinos», envía de nuevo a sus sirvientes para que vayan «por los cruces de los caminos» del mundo e inviten a todos los que encuentren, malos y buenos, a las bodas de su Hijo. El banquete se está llenando de comensales: «pobres, inválidos, ciegos y cojos», como detallará Lucas (Lc 14,21). Para poder participar en él, pone una sola condición, que lleven «el vestido de boda» que cada uno habrá adquirido con las buenas obras. Lucas se abstiene de transcribir esta observación. A Mateo le encanta todo lo que hace referencia al juicio final. Concluye las tres semblanzas con un dicho que nos invita a reflexionar: «Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> En el conjunto de tres parábolas destinadas a dar una lección a los dirigentes de Israel, tan satisfechos de ser el pueblo elegido, figura en el encabezamiento el término «hombre»: «Un hombre tenía dos hijos» (Mt 21,28), todas las naciones, el hijo mayor, e Israel, el menor (I); «Había un hombre dueño de la casa que plantó una viña», la viña de Israel, en la que los viñadores homicidas, después de matar a los Profetas, mataron también a su Hijo (II); «un hombre rey que celebró el banquete de bodas de su hijo» (III). Notemos que cuando el rey fue a ver a los comensales que los sirvientes habían encontrado «en los cruces de los caminos» del mundo, como no podía ser de otra manera, vio «un hombre que no llevaba vestido de boda». La época del Mesías que Israel esperaba ha quedado clavada en el rótulo de la cruz. Los nuevos invitados no son los que se consideraban justos y menospreciaban al resto de los hombres, sino los «hombres», la humanidad entera. Incluso al «hombre que no llevaba vestido de boda» le dice «amigo», como había dicho también a los que&nbsp; murmuraban porque solo habían recibido el jornal convenido (20,13): el Dios, Padre de Jesús, trata como él con los más marginados de la sociedad, representados por los cobradores de tributos y las prostitutas, confía la viña a los que le reporten frutos y no a los que tan solo observan la Ley de palabra y son infructíferos, va por los caminos de su creación buscando por todas partes a los pobres, los inválidos, los ciegos y los cojos. Jesús no para de mostrarnos la cara amable de Dios, no la que han creado, para sus intereses inconfesables, los poderosos del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> En la parábola anterior de los viñadores homicidas, después de que estos hubiesen dado muerte al hijo del dueño y lo hubiesen sacado fuera de la viña (orden de las palabras del Códice Beza), de repente Jesús cambió el sujeto, passando de «un hombre dueño de la casa que plantó una viña» a «el Señor de la viña» (con art.), preguntando a&nbsp; sus oyentes, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (21,24): «Cuando venga, pues, el Señor de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?». Ellos se hicieron los desentendidos y se limitaron a poner un final adecuado a la parábola: «A aquellos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros viñadores que le reporten los frutos a su respectivo tiempo.» Jesús, al ver que no querían saber nada de ello, les interpela aduciéndoles el Salmo 117,22-23 LXX: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron, esta ha llegado a ser la piedra angular?» y cambia el pronombre personal de primera persona plural del Salmo por la segunda del plural: «¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a <em>vuestros</em> ojos!», sin dejarles ninguna escapatoria posible: «Por eso os digo: “El Reino de Dios os será quitado, y será dado a un pueblo que lo haga fructificar.”» Al oírlo los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, se dieron cuenta de que la parábola de los viñadores homicidas iba dirigida a ellos e intentaron prender a Jesús, pero tenían miedo del pueblo.» Sin inmutarse, Jesús les dirige una tercera parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un hombrerey que celebró el banquete de bodas de su hijo&#8230; El rey <em>aquel</em>, <em>al oírlo</em>, se airó y, habiendo enviado<em> su tropa</em>, exterminó a aquellos asesinos y quemó su ciudad, etcétera» (versión del Códice Beza; el texto usual le quita toda la punta: «El rey se airó, etcétera», atribuyendo a Dios estas acciones). El Reino de Israel, el Templo y la ciudad de Jerusalén han quedado en entredicho. Jesús deja de lado a sus adversarios y pasa a dirigirse a los «sirvientes» fieles: «Entonces dice a sus siervos: “La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis invitadlos a la boda”, etcétera.»</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> El Códice Beza, avalado por la gran mayoría de manuscritos, no deja de hablar de «<em>la boda»</em> —<em>«y la boda se llenó de los comensales</em>»—, mientras que el texto usual, avalado tan solo por los códices Vaticano y Sinaítico, habla de «la cámara nupcial», que los traductores interpretan como «la sala del banquete» o «la sala de bodas se llenó de comensales». Con el artículo definido, además, el Códice Beza hace referencia a invitados concretos, «<em>los</em> comensales», sin que se explicite, en Mateo, quienes eran; Lucas lo entendió muy bien: «los pobres, inválidos, ciegos y cojos», el desecho de la sociedad de su tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[4]</a> Recordad que en el cierre de todo el grupo de enseñanzas que Jesús acababa de impartir a sus discípulos (19,3–20,16a), el Códice Beza ya había transcrito esta máxima de Jesús (20,16b). Ahora vuelve a figurar aquí, pero como conclusión del grupo de tres parábolas dirigidas a los dirigentes de Israel. Lo que dijo a unos vale también para los otros y nos lo repite a nosotros hoy. No es que Dios haga diferencias, pues en el seno de todo «hombre» ha puesto su Espíritu: todos somos «llamados» a trabajar en su viña, pero tan solo son «elegidos» los que, a lo largo de la historia, producen frutos, no para Dios, sino para los que tienen necesidad de ellos. En tiempo de Jesús eran «pocos»; hoy se están multiplicando exponencialmente «los pequeños criados» que voluntariamente ponen sus talentos al servicio de los demás.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-221-14-2/">Mt 22,1-14</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<item>
		<title>Mt 21,33-43</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2133-43-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Oct 2023 18:38:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Codex Bezae]]></category>
		<category><![CDATA[Códice Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Evangeli]]></category>
		<category><![CDATA[Rius Camps]]></category>
		<category><![CDATA[TEXT]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(704 548) Mt 21,33-43 Códice Beza (Jesús continúa interpelando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:) 21,33Escuchad otra parábola: «Había un hombre amo de la casa que plantó una viña, la rodeó con una cerca, excavó en ella un lagar, edificó una torre de guardia, la arrendó a unos viñadores y se ausentó. 34Pero, cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus sirvientes a los viñadores, a fin de recibir sus frutos. 35Los viñadores, habiendo cogido a sus sirvientes, a uno lo apalearon, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon. 36De nuevo, pues, envió a otros sirvientes, e hicieron con ellos lo mismo. 37Más tarde, sin embargo, les envió a su hijo diciéndose: “A mi hijo, lo respetarán.” 38 Pero, al ver los viñadores al hijo, se dijeron entre ellos: “Este es el heredero. Venga, matémoslo y quedémonos con su herencia.” 39 Y agarrándolo, lo mataron y lo sacaron fuera de la viña.[1] 40 “Cuan­do venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?”. 41Le responden: “A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros viñadores que le reporten los frutos a su respectivo tiempo.” 42 Jesús les dice: “¿No habéis leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron, esta ha llegado a ser la piedra angular? ¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a vuestros ojos!’”.[2] 43 Por eso os digo: “El Reino de Dios os será quitado, y será dado a un pueblo que lo haga fructificar.”»[3] Lo mataron y lo sacaron fuera de la viña Jesús continúa interpelando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo aduciéndoles una segunda parábola, la de los viñadores homicidas. Se trata de una parábola entremezclada de trazos alegóricos donde cada trazo tiene su significado: el «hombre dueño de la casa» y «señor de la viña» es Dios; «la viña» es Israel, el primer pueblo elegido a quien se la arrendó para que le diese sus frutos; «los sirvientes», enviados unos tras otros, son los Profetas; «su hijo», Jesús, a quien «lo mataron y lo sacaron fuera de la viña», como conserva aún el Códice Beza, avalado por las antiguas versiones latinas e Ireneo, y no como reza el texto usual: «lo sacaron fuera de la viña y lo mataron», es decir, le dieron muerte fuera de las murallas de Jerusalén, una interpretación historicista que Lucas conscientemente hará suya en la Demostración a Teófilo, ex-sumo sacerdote. Los «viñadores» homicidas representan a los dirigentes religiosos («sumos sacerdotes») y políticos («ancianos del pueblo») del pueblo elegido; los «otros viñadores» a quienes «arrendará la viña» son ahora «los que le reportan los frutos a su respectivo tiempo», todas las personas libres que trabajan la tierra, la «nación que la hace fructificar». La «cerca», el «lagar» y la «torre de guardia» han sido destruidos; «la viña» ya no tiene fronteras: cuando, después de matarlo, «lo sacaron fuera de la viña», Jesús hizo que la viña extendiera sus sarmientos por todo nuestro planeta. El Dios Padre de Jesús, no guarda ningún tipo de venganza como hizo el «señor de la viña»: Jesús ha dejado de lado el lenguaje reivindicativo y ha hecho suyo el lenguaje del amor, del amor desinteresado, que Dios esperaba que algún día el Hijo del hombre, ya maduro, lleno de Espíritu Santo, llegara a expresar, encarnando enteramente su proyecto creador. Por eso el Códice Beza ha cambiado el tono del Salmo 117,23: «¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a vuestros ojos!», a los ojos de los dirigentes judíos y de todos los que pretenden aún hoy apoderarse de la viña. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] La mayoría de manuscritos (entre ellos los códices Vaticano y Sinaítico) leen, cambiando el orden de las palabras: «lo sacaron fuera de la viña y lo mataron», como una especie de excomunión que culmina en la muerte. Como comentaré en la homilía, se ciñen al sentido histórico de los términos «sacar fuera» y «matar», como si fueran dos acciones consecutivas. El Códice Beza, avalado por un códice mayúsculo, las antiguas versiones latinas anteriores a la Vulgata, Ireneo y Lucífero de Cagliari, y siguiendo de cerca Mc 12,9 entiende que no se contentaron con la acción física de matarlo, sino que moralmente expulsaron su nombre fuera de Israel para que nadie pudiera reivindicar la herencia. Es el equivalente a una excomunión o a una declaración de alguien como hereje post mortem. [2] El cambio del pronombre «nosotros» por «vosotros» del Salmo 117,23 lxx por el Códice Beza y otros manuscritos y antiguas versiones coptas, cambia el tono de la frase al tomar el termino griego thaumastós en mal sentido, anticipar el interrogante al término del versículo precedente y poner una admiración al final de este versículo (en la antigua escritura no había interrogantes ni admiraciones): «¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a vuestros ojos!”. Jesús, así, lo echaría en cara a los dirigentes de Israel. [3] La mayoría de manuscritos (entre ellos los códices Vaticano y Sinaítico) añaden una glosa, tomada sin duda de Lc 20,18: «Todo el que caiga sobre aquella piedra será destrozado, pero sobre quien caiga, lo aplastará» (v. 44). El Leccionario litúrgico, con buen criterio, no la ha propuesto para la lectura de este domingo; nos ha escamoteado, sin embargo, la conclusión de las parábolas, donde se nos informa sobre quienes las estaban escuchando: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataron de detenerlo, pero tuvieron miedo a las multitudes, porque lo tenían como un profeta» (vv. 45-46).</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2133-43-2/">Mt 21,33-43</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">(704 548) <em>Mt 21,33-43 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">(Jesús continúa interpelando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>21,33</sup>Escuchad otra parábola: «Había un hombre amo de la casa que plantó una viña, la rodeó con una cerca, excavó en ella un lagar, edificó una torre de guardia, la arrendó a unos viñadores y se ausentó. <sup>34</sup>Pero, cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus sirvientes a los viñadores, a fin de recibir sus frutos. <sup>35</sup>Los viñadores, habiendo cogido a sus sirvientes, a uno lo apalearon, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon. <sup>36</sup>De nuevo, <em>pues</em>, envió a otros sirvientes, e hicieron con ellos lo mismo. <sup>37</sup>Más tarde, sin embargo, les envió a su hijo diciéndose: “A mi hijo, lo respetarán.” <sup>38 </sup>Pero, al ver los viñadores al hijo, se dijeron entre ellos: “Este es el heredero. Venga, matémoslo y quedémonos con su herencia.” <sup>39 </sup>Y agarrándolo, <em>lo mataron y lo sacaron fuera de la viña</em>.<a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a> <sup>40 </sup>“Cuan­do venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?”. <sup>41</sup>Le responden: “A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros viñadores que le reporten los frutos a su respectivo tiempo.” <sup>42 </sup>Jesús les dice: “¿No habéis leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron, esta ha llegado a ser la piedra angular? ¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a <em>vuestros</em> ojos!’”.<a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a> <sup>43 </sup>Por eso os digo: “El Reino de Dios os será quitado, y será dado a un pueblo que lo haga fructificar.”»<a id="_ednref3" href="#_edn3">[3]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Lo mataron y lo sacaron fuera de la viña</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús continúa interpelando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo aduciéndoles una segunda parábola, la de los viñadores homicidas. Se trata de una parábola entremezclada de trazos alegóricos donde cada trazo tiene su significado: el «hombre dueño de la casa» y «señor de la viña» es Dios; «la viña» es Israel, el primer pueblo elegido a quien se la arrendó para que le diese sus frutos; «los sirvientes», enviados unos tras otros, son los Profetas; «su hijo», Jesús, a quien «<em>lo mataron y lo sacaron fuera de la viña</em>», como conserva aún el Códice Beza, avalado por las antiguas versiones latinas e Ireneo, y no como reza el texto usual: «lo sacaron fuera de la viña y lo mataron», es decir, le dieron muerte fuera de las murallas de Jerusalén, una interpretación historicista que Lucas conscientemente hará suya en la <em>Demostración a Teófilo</em>, ex-sumo sacerdote. Los «viñadores» homicidas representan a los dirigentes religiosos («sumos sacerdotes») y políticos («ancianos del pueblo») del pueblo elegido; los «otros viñadores» a quienes «arrendará la viña» son ahora «los que le reportan los frutos a su respectivo tiempo», todas las personas libres que trabajan la tierra, la «nación que la hace fructificar». La «cerca», el «lagar» y la «torre de guardia» han sido destruidos; «la viña» ya no tiene fronteras: cuando, después de matarlo, «<em>lo sacaron fuera de la viña</em>», Jesús hizo que la viña extendiera sus sarmientos por todo nuestro planeta. El Dios Padre de Jesús, no guarda ningún tipo de venganza como hizo el «señor de la viña»: Jesús ha dejado de lado el lenguaje reivindicativo y ha hecho suyo el lenguaje del amor, del amor desinteresado, que Dios esperaba que algún día el Hijo del hombre, ya maduro, lleno de Espíritu Santo, llegara a expresar, encarnando enteramente su proyecto creador. Por eso el Códice Beza ha cambiado el tono del Salmo 117,23: «¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a <em>vuestros</em> ojos!», a los ojos de los dirigentes judíos y de todos los que pretenden aún hoy apoderarse de la viña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> La mayoría de manuscritos (entre ellos los códices Vaticano y Sinaítico) leen, cambiando el orden de las palabras: «lo sacaron fuera de la viña y lo mataron», como una especie de excomunión que culmina en la muerte. Como comentaré en la homilía, se ciñen al sentido histórico de los términos «sacar fuera» y «matar», como si fueran dos acciones consecutivas. El Códice Beza, avalado por un códice mayúsculo, las antiguas versiones latinas anteriores a la Vulgata, Ireneo y Lucífero de Cagliari, y siguiendo de cerca Mc 12,9 entiende que no se contentaron con la acción física de matarlo, sino que moralmente expulsaron su nombre fuera de Israel para que nadie pudiera reivindicar la herencia. Es el equivalente a una excomunión o a una declaración de alguien como hereje <em>post mortem</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> El cambio del pronombre «nosotros» por «<em>vosotros</em>» del Salmo 117,23 lxx por el Códice Beza y otros manuscritos y antiguas versiones coptas, cambia el tono de la frase al tomar el termino griego <em>thaumastós</em> en mal sentido, anticipar el interrogante al término del versículo precedente y poner una admiración al final de este versículo (en la antigua escritura no había interrogantes ni admiraciones): «¡De parte del Señor ha sucedido eso y es extraño a <em>vuestros</em> ojos!”. Jesús, así, lo echaría en cara a los dirigentes de Israel.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> La mayoría de manuscritos (entre ellos los códices Vaticano y Sinaítico) añaden una glosa, tomada sin duda de Lc 20,18: «Todo el que caiga sobre aquella piedra será destrozado, pero sobre quien caiga, lo aplastará» (v. 44). El Leccionario litúrgico, con buen criterio, no la ha propuesto para la lectura de este domingo; nos ha escamoteado, sin embargo, la conclusión de las parábolas, donde se nos informa sobre quienes las estaban escuchando: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataron de detenerlo, pero tuvieron miedo a las multitudes, porque lo tenían como un profeta» (vv. 45-46).</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2133-43-2/">Mt 21,33-43</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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		<title>Mt 21,28-32</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2128-32-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Oct 2023 18:34:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Católico]]></category>
		<category><![CDATA[Còdex Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Codex Bezae]]></category>
		<category><![CDATA[Códice Beza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(703 547) Mt 21,28-32 Códice Beza (Jesús interpela en el Templo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:) 21,28 «¿Qué os parece?[1] Dos hijos tenía un hombre. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.” 29 Él respondió: “No quiero.” Pero, más tarde, se arrepintió y fue a la viña. 30Acercándose al otro, le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “Yo, señor, voy allí en seguida.” Y no fue. 31 “¿Cuál de estos dos, les pregunta, hizo la voluntad del Padre?”. Le responden: “El último.”»[2] Jesús les dice: «En verdad os digo que los recaudadores de tributos y las prostitutas os toman la delantera en el Reino de Dios. 32 Porque vino Juan hasta vosotros por el camino de la justicia, y no creísteis en él, mientras que los recaudadores y las prostitutas creyeron en él. Vosotros, sin embargo, al verlo, ¿acaso os habéis arrepentido más tar­de hasta creer en él?».[3] ¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad del padre, el primero o el último? Una perícopa muy breve, de la que tenemos tres versiones, indicio de que a lo largo de su transmisión se han introducido correcciones deliberadas que han cambiado el sentido. Como siempre, sigo la versión del Códice Beza, y no el usual, que se basa hoy en el Sinaítico y no, como de costumbre, en el Vaticano. Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo habían requerido a Jesús para que les dijera con qué autoridad actuaba, y éste les habría hecho una contrapregunta; si la respondían, les diría cómo actúa él: «El bautismo de Juan ¿era del cielo u obra de los hombres?». Dándose cuenta de que si respondían que era obra de Dios, les objetaría: «¿Por qué no le creyeron?» y que si decían que era cosa humana, se exponían al rechazo del pueblo, respondieron que no lo sa­bían. Hoy Jesús nos invita a reflexionar: «¿Qué os parece? Dos hijos tenía un hombre. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, ve hoy, trabaja en la viña.” Él respondió: “No quiero.” Más tarde, sin embargo, se arrepintió y fue a la viña. Acercándose al otro dijo lo mismo. Él, sin embargo, respondió diciendo: “Yo, señor, voy allí en seguida.” Y no fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, hizo la voluntad del Padre?”. Le responden: “El último.”». Según esto, los dirigentes judíos habrían admitido que habían secundado la voluntad de Dios solo de boquilla, pero que de hecho no habían ido a trabajar a la viña. De esta manera ha­brían salvado el tipo, afirmando que desde un principio ellos, los representantes de Israel habían aceptado plenamente la Torá, si bien, debido a la fragilidad humana, le habrían sido infieles. Jesús no se muerde la lengua: «En verdad os digo que los recaudadores de tributos y las prostitutas os toman la delantera en el Rei­no de Dios. Porque vino Juan hasta vosotros por el camino de la justicia, y no creísteis en él, mientras que los recaudadores y las prostitutas creyeron en él.» Y de inmediato remacha el clavo: «Vosotros, sin embargo, al verlo, ¿por ventura os habéis arrepentido más tarde hasta creer en él?». No hay más preguntas. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] Parábola de los dos hijos, en tres versiones diferentes: Códice Beza «¿Qué os parece? Dos hijos tenía un hombre. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.” Él respondió: “No quiero.” Pero, más tarde, se arrepintió y fue a la viña. Acercándose al otro, le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “Yo, señor, voy allí en seguida.” &#160; Y no fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, la voluntad del Padre hizo?”. Le responden: “El último.”» Códice Sinaítico «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy, trabaja en la viña.” Él respondió: “No quiero.” &#160;Pero, más tarde, se arrepintió y fue. Acercándose al otro, le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “Yo, señor, voy allí.” &#160; Y no fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, hizo la voluntad del Padre?”. Le responden: “El primero.”» Códice Vaticano «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy, trabaja en mi viña.” Él respondió: “Yo, señor, voy allí.” &#160; Y no fue. Acercándose al segundo, le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “No quiero.” Pero, más tarde, se arrepintió y fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, hizo la voluntad del Padre?”. Le responden: “El postrero.”» [2] El Códice Beza, avalado por las antiguas versiones latinas y siríacas, lee: «El último», que representa, en cuanto a hijo menor, Israel, dispuesto desde un principio a secundar la voluntad de Dios, a pesar de que después no fue fiel a ella; «el primero», en cambio, representaría a todas las naciones paganas, excepto Israel, que si bien en un principio se negaron en redondo a ir a trabajar en la viña, después se lo repensaron y fueron. El texto oficial que leeremos hoy, basado esta vez en el Códice Sinaítico y en buena parte de los mss. unciales y minúsculos, lee: «El primero», considerando que Israel, representado aquí per los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (21,23), a pesar de que en un principio se había negado a ir a la viña, más tarde se lo repiensa y fue, mientras que el segundo hijo, que representaría a las naciones paganas, dijeron solo de boquilla que iban, pero no fueron a trabajar nunca en la viña. Finalmente, el Códice Vaticano, que generalmente lleva la voz cantante, con unos cuantos mss., invierte del todo el orden de la frase: «Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy, trabaja en mi viña.” Él respondió: “Yo, señor, voy allí.” Y no fue. Acercándose al segundo le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “No quiero.” Más tarde se arrepintió y fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, hizo la voluntad del padre?”. Le responden: “El postrero.”» Según este</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-2128-32-2/">Mt 21,28-32</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">(703 547) <em>Mt 21,28-32 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">(Jesús interpela en el Templo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>21,28 </sup>«¿Qué os parece?<a href="#_edn1" id="_ednref1">[1]</a> <em>Dos hijos</em> <em>tenía</em> un hombre. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.” <sup>29 </sup>Él respondió: “No quiero.” Pero, más tarde, se arrepintió y fue <em>a la viña</em>. <sup>30</sup>Acercándose <em>al otro, </em>le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “Yo, señor,<em> voy allí en seguida.</em>” Y no fue. <sup>31 </sup>“¿Cuál de estos dos, les pregunta, <em>hizo la voluntad del Padre</em>?”. Le responden: “<em>El último.</em>”»<a href="#_edn2" id="_ednref2">[2]</a> Jesús les dice: «En verdad os digo que los recaudadores de tributos y las prostitutas os toman la delantera en el Reino de Dios. <sup>32 </sup>Porque vino Juan hasta vosotros por el camino de la justicia, y no creísteis en él, mientras que los recaudadores y las prostitutas creyeron en él. Vosotros, sin embargo, al verlo, ¿<em>acaso</em> os habéis arrepentido más tar­de hasta creer en él?».<a href="#_edn3" id="_ednref3">[3]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad del padre, el primero o el último?</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Una perícopa muy breve, de la que tenemos tres versiones, indicio de que a lo largo de su transmisión se han introducido correcciones deliberadas que han cambiado el sentido. Como siempre, sigo la versión del Códice Beza, y no el usual, que se basa hoy en el Sinaítico y no, como de costumbre, en el Vaticano. Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo habían requerido a Jesús para que les dijera con qué autoridad actuaba, y éste les habría hecho una contrapregunta; si la respondían, les diría cómo actúa él: «El bautismo de Juan ¿era del cielo u obra de los hombres?». Dándose cuenta de que si respondían que era obra de Dios, les objetaría: «¿Por qué no le creyeron?» y que si decían que era cosa humana, se exponían al rechazo del pueblo, respondieron que no lo sa­bían. Hoy Jesús nos invita a reflexionar: «¿Qué os parece? <em>Dos hijos</em> <em>tenía</em> un hombre. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, ve hoy, trabaja en la viña.” Él respondió: “No quiero.” Más tarde, sin embargo, se arrepintió y fue <em>a la viña</em>. Acercándose <em>al otro</em> dijo lo mismo. Él, sin embargo, respondió diciendo: “Yo, señor, <em>voy allí en seguida.</em>” Y no fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta,<em> hizo la voluntad del Padre</em>?”. Le responden: “<em>El último.</em>”». Según esto, los dirigentes judíos habrían admitido que habían secundado la voluntad de Dios solo de boquilla, pero que de hecho no habían ido a trabajar a la viña. De esta manera ha­brían salvado el tipo, afirmando que desde un principio ellos, los representantes de Israel habían aceptado plenamente la Torá, si bien, debido a la fragilidad humana, le habrían sido infieles. Jesús no se muerde la lengua: «En verdad os digo que los recaudadores de tributos y las prostitutas os toman la delantera en el Rei­no de Dios. Porque vino Juan hasta vosotros por el camino de la justicia, y no creísteis en él, mientras que los recaudadores y las prostitutas creyeron en él.» Y de inmediato remacha el clavo: «Vosotros, sin embargo, al verlo, ¿<em>por ventura</em> os habéis arrepentido más tarde hasta creer en él?». No hay más preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> <em>Parábola de los dos hijos</em>, en tres versiones diferentes:</p>



<figure class="wp-block-table"><table><tbody><tr><td><em>Códice Beza</em> «¿Qué os parece? <em>Dos hijos</em> <em>tenía</em> un hombre. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy <em>a trabajar</em> en la viña.” Él respondió: “<em>No quiero.</em>” Pero, más tarde, se arrepintió y fue <em>a la viña</em>. Acercándose <em>al otro,</em> le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “<em>Yo, señor, voy allí en seguida.</em>” <em>&nbsp;</em> <em>Y no fue</em>. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, <em>la voluntad del Padre hizo</em>?”. Le responden: “<em>El último.</em>”»</td><td><em>Códice Sinaítico</em> «¿Qué os parece? Un hombre <em>tenía dos hijos</em>. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy, <em>trabaja en</em> la viña.” Él respondió: “<em>No quiero.</em>” &nbsp;Pero, más tarde, se arrepintió y fue. Acercándose <em>al otro</em>, le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “<em>Yo, señor</em>,<em> voy allí.</em>” <em>&nbsp;</em> <em>Y no fue</em>. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, <em>hizo la voluntad del Padre</em>?”. Le responden: “<em>El primero.</em>”»</td><td><em>Códice Vaticano</em> «¿Qué os parece? Un hombre <em>tenía dos hijos</em>. Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy, <em>trabaja en</em> <em>mi</em> viña.” Él respondió: “<em>Yo, señor, voy allí.</em>” &nbsp; <em>Y no fue</em>. Acercándose <em>al segundo,</em> le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “<em>No quiero.</em>” Pero, más tarde, se arrepintió <em>y fue</em>. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, <em>hizo la voluntad del Padre</em>?”. Le responden: “<em>El postrero.</em>”»</td></tr></tbody></table></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> El <strong>Códice Beza</strong>, avalado por las antiguas versiones latinas y siríacas, lee: «El último», que representa, en cuanto a hijo menor, Israel, dispuesto desde un principio a secundar la voluntad de Dios, a pesar de que después no fue fiel a ella; «el primero», en cambio, representaría a todas las naciones paganas, excepto Israel, que si bien en un principio se negaron en redondo a ir a trabajar en la viña, después se lo repensaron y fueron. El <strong>texto oficial que leeremos hoy, basado esta vez en el Códice Sinaítico </strong>y en buena parte de los mss. unciales y minúsculos, lee: «El primero», considerando que Israel, representado aquí per los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (21,23), a pesar de que en un principio se había negado a ir a la viña, más tarde se lo repiensa y fue, mientras que el segundo hijo, que representaría a las naciones paganas, dijeron solo de boquilla que iban, pero no fueron a trabajar nunca en la viña. Finalmente, el <strong>Códice Vaticano</strong>, que generalmente lleva la voz cantante, con unos cuantos mss., invierte del todo el orden de la frase: «Acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy, trabaja en <em>mi</em> viña.” Él respondió: “Yo, señor, <em>voy allí.</em>” Y no fue. Acercándose al <em>segundo</em> le dijo lo mismo. Pero él respondió diciendo: “No quiero.” Más tarde se arrepintió y fue. “¿Cuál de estos dos, les pregunta, hizo la voluntad del padre?”. Le responden: <em>“El postrero.</em>”» Según este grupo de mss., el primer hijo, el mayor, representaría a todas las naciones a las cuales Dios invitó a ir a trabajar en su viña; en principio se mostraron dispuestas a ir, pero después no fueron; en cambio, el segundo, el hijo menor, representaría a Israel que, si bien en un principio se negó a ir a trabajar en la viña, después se lo repensó y fue. Notemos que tanto en la versión del Códice Sinaítico como en la del Vaticano, Israel habría aceptado que se había negado en un principio a ir a trabajar en la viña, pero que habría ido más tarde, después que se lo hubiera repensado. En cambio, según la versión del Códice Beza, Israel habría aceptado la Ley desde el principio, pero habría restado infiel a ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> Una nueva variante textual interesante: el texto que usualmente leemos, después de comprobar que los recaudadores de tributos y las prostitutas creyeron en Juan Bautista, recrimina a los dirigentes judíos: «Vosotros, sin embargo, al verlo, <em>ni tan solo</em> os habéis arrepentido más tarde hasta creer en él.» En el Códice Beza no hay constancia de la negación, quedando la frase en forma de pregunta: «Vosotros, sin embargo, al verlo, ¿<em>acaso</em> os habéis arrepentido más tarde hasta creer en él?».</p>
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			</item>
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		<title>Mt 20,1-16</title>
		<link>https://codexbeza.org/es/lectures/mt-201-16-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Josep Rius-Camps]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Oct 2023 18:31:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Textos ciclo A 2025-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Católico]]></category>
		<category><![CDATA[Còdex Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Codex Bezae]]></category>
		<category><![CDATA[Códice Beza]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo XXV]]></category>
		<category><![CDATA[Evangeli]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelio]]></category>
		<category><![CDATA[Rius Camps]]></category>
		<category><![CDATA[TEXT]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(702 546) Mt 20,1-16 Códice Beza 20,1Se asemeja el Reino de los cielos a un hombre dueño de la casa que salió de buena mañana a contratar trabajadores para su viña. 2Habiendo convenido con los trabajadores por un denario al día, los envió a su viña. 3 Al pasar, hacia la hora tercia encontró a otros que estaban en la plaza parados. 4También a estos les dijo: «Id también vosotros a la viña, y lo que sea justo os lo daré.» 5 Ellos se fueron. Nuevamente, habiendo salido hacia la hora sexta y nona, hizo lo mismo. 6Hacia la undécima salió y encontró a otros que estaban allí y les dice: «¿Por qué estáis aquí todo el día parados?». 7Le responden: «Es que nadie nos ha contratado.» Les dice: «Id también vosotros a mi viña.» 8 Cuando se hizo oscuro, dice el señor de la viña a su administrador: «Llama a los trabajadores y págales el jornal comenzando por los últimos hasta los primeros.» 9 Llegaron, pues, los de la undécima hora y recibieron un denario cada uno. 10Cuando llegaron los primeros, se pensaban que cobrarían mucho más, pero recibieron también ellos un denario cada uno. 11Al recibirlo, murmuraron contra el dueño de la casa 12 diciendo: «Estos, los últimos, no han hecho más que una hora, y los has hecho igual a nosotros, los que hemos soportado el peso del día y el calor.» 13Pero él contestó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No has convenido conmigo en un denario? 14Toma lo que es tuyo y vete. Quiero, sin embargo, dar al último ese lo mismo que a ti. 15 ¿No me es posible[1] hacer lo que quiero con mis cosas? ¿O va a ser malo tu ojo porque yo soy bueno?». 16Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.[2] Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos La parábola de los trabajadores de la viña está enmarcada por la misma máxima: «Los últimos serán primeros y los primeros últimos», repetida al final de la secuencia del hombre rico y al final de la parábola. Pero el Códice Beza y la gran mayoría de manuscritos conservan otra máxima puesta como conclusión. Yo la he puesto como título de la homilía, contra el parecer de la mayoría que considera que ha sido tomada de Mt 22,14, pero no como conclusión de la parábola, sino de todo el grupo de enseñanzas que Jesús acaba de impartir a sus discípulos (19,3–20,16). A continuación, Jesús emprenderá la subida a Jerusalén. De hecho, son máximas del judaísmo que Jesús ha hecho suyas, y esta última es el remate. Jesús utiliza con frecuencia, según Mateo, el género parabólico, porque ya se entiende de por sí. La viña es figura de Israel y «el dueño de la casa», de Yahveh. Pero Mateo lo compara con «un hombre dueño de la casa», «el señor de la viña», y subraya su magnificencia y el hecho de que «la recompensa por el trabajo que han hecho en la viña es igual para todos, un denario cada uno.» No se debe interpretar la parábola, como hacemos frecuentemente, juzgando la actitud «del dueño de la casa» según nuestros criterios crematísticos, preguntándonos si es justo o no lo que él hace: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No has convenido conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero, sin embargo, dar al último ese lo mismo que a ti.» ¿No será nuestro «ojo», nuestra mirada pervertida por la so­ciedad de consumo, el que es «malo»? Deberíamos ser más prudentes cuando hablamos de Dios y de su manera de obrar, pues invierte nuestra escala de valores: «Los últimos serán primeros y los primeros últimos.» Nos hemos hecho un dios a nuestra medida, omnipotente como lo son nuestros poderosos. Jesús pone letra a las mociones del Espíritu de Dios a partir de la experiencia que tuvo en el Jordán, en pleno desierto. De aquí que ponga con frecuencia delante de los discípulos, que solo piensan en grandezas, «al criadito» que servía y que él ponía en el medio de los Doce y lo hacía sentar a la mesa. Josep Rius-Camps​Teólogo y biblista [1] Tan solo el original del Códice Beza conserva la construcción impersonal griega simple (estin moi) que significa posibilidad: «¿No me es posible hacer&#8230;?», mientras que todos los otros manuscritos, incluido el cor­rector de Beza, usan la compuesta (exestin moi) que básicamente significa licitud: «¿No me es licito hacer&#8230;», si bien se puede traducir también por posibilidad: «¿No puedo hacer&#8230;?». [2] Omiten este semiversículo (v. 16b) los códices Vaticano y Sinaítico y algunos otros, pero constaba en la mayoría de manuscritos griegos y en todas las versiones antiguas en latín, siríaco y copto. Los editores de la última edición crítica de Mateo lo han omitido también ellos en el texto, al considerar que ha sido tomado de Mt 22,14.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-201-16-2/">Mt 20,1-16</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://codexbeza.org/wp-content/uploads/2023/10/luca-j-j00SbZ2m0QY-unsplash-1WEB-1.jpg" alt="" class="wp-image-12737" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:663px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: luca-j-j00SbZ2m0QY-unsplash</em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">(702 546) <em>Mt 20,1-16 Códice Beza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>20,1</sup>Se asemeja el Reino de los cielos a un hombre dueño de la casa que salió de buena mañana a contratar trabajadores para su viña. <sup>2</sup>Habiendo convenido con los trabajadores por un denario al día, los envió a su viña. <sup>3 </sup><em>Al pasar, hacia la hora tercia</em> <em>encontró </em>a otros que estaban en la plaza parados. <sup>4</sup>También a estos les dijo: «Id también vosotros a la viña, y lo que sea justo os lo daré.» <sup>5 </sup>Ellos se fueron. Nuevamente, habiendo salido hacia<em> la hora sexta y nona</em>, hizo lo mismo. <sup>6</sup>Hacia la undécima <em>salió y</em> encontró a otros que estaban allí y les dice: «¿Por qué estáis aquí todo el día parados?». <sup>7</sup>Le responden: «Es que nadie nos ha contratado.» Les dice: «Id también vosotros a <em>mi</em> viña.» <sup>8 </sup>Cuando se hizo oscuro, dice el señor de la viña a su administrador: «Llama a los trabajadores y págales el jornal comenzando por los últimos hasta los primeros.» <sup>9 </sup>Llegaron, pues, los de la undécima hora y recibieron un denario cada uno. <sup>10</sup>Cuando llegaron los primeros, se pensaban que cobrarían <em>mucho más</em>, <em>pero</em> recibieron <em>también ellos un denario cada uno</em>. <sup>11</sup>Al recibirlo, <em>murmuraron</em> contra el dueño de la casa <sup>12 </sup>diciendo: «Estos, los últimos, no han hecho más que una hora, y <em>los has hecho igual a nosotros</em>, los que hemos soportado el peso del día y el calor.» <sup>13</sup>Pero él contestó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No has convenido conmigo en un denario? <sup>14</sup>Toma lo que es tuyo y vete. <em>Q</em>uiero, <em>sin embargo</em>, dar <em>al último</em> <em>ese</em> lo mismo que a ti. <sup>15</sup> ¿No <em>me es posible</em><a id="_ednref1" href="#_edn1">[1]</a> hacer lo que quiero con mis cosas? ¿O va a ser malo tu ojo porque yo soy bueno?». <sup>16</sup>Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. <em>Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.</em><a id="_ednref2" href="#_edn2">[2]</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos</h4>



<p class="wp-block-paragraph">La parábola de los trabajadores de la viña está enmarcada por la misma máxima: «Los últimos serán primeros y los primeros últimos», repetida al final de la secuencia del hombre rico y al final de la parábola. Pero el Códice Beza y la gran mayoría de manuscritos conservan otra máxima puesta como conclusión. Yo la he puesto como título de la homilía, contra el parecer de la mayoría que considera que ha sido tomada de Mt 22,14, pero no como conclusión de la parábola, sino de todo el grupo de enseñanzas que Jesús acaba de impartir a sus discípulos (19,3–20,16). A continuación, Jesús emprenderá la subida a Jerusalén. De hecho, son máximas del judaísmo que Jesús ha hecho suyas, y esta última es el remate. Jesús utiliza con frecuencia, según Mateo, el género parabólico, porque ya se entiende de por sí. La viña es figura de Israel y «el dueño de la casa», de Yahveh. Pero Mateo lo compara con «un hombre dueño de la casa», «el señor de la viña», y subraya su magnificencia y el hecho de que «la recompensa por el trabajo que han hecho en la viña es igual para todos, <em>un denario cada uno.</em>» No se debe interpretar<strong> l</strong>a parábola, como hacemos frecuentemente, juzgando la actitud «del dueño de la casa» según nuestros criterios crematísticos, preguntándonos si es justo o no lo que él hace: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No has convenido conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. <em>Quiero, sin embargo, dar al último ese </em>lo mismo que a ti.» ¿No será nuestro «ojo», nuestra mirada pervertida por la so­ciedad de consumo, el que es «malo»? Deberíamos ser más prudentes cuando hablamos de Dios y de su manera de obrar, pues invierte nuestra escala de valores: «Los últimos serán primeros y los primeros últimos.» Nos hemos hecho un dios a nuestra medida, omnipotente como lo son nuestros poderosos. Jesús pone letra a las mociones del Espíritu de Dios a partir de la experiencia que tuvo en el Jordán, en pleno desierto. De aquí que ponga con frecuencia delante de los discípulos, que solo piensan en grandezas, «al criadito» que servía y que él ponía en el medio de los Doce y lo hacía sentar a la mesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Josep Rius-Camps<br>​Teólogo y biblista</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> Tan solo el original del Códice Beza conserva la construcción impersonal griega simple (<em>estin moi</em>) que significa <em>posibilidad: «¿No me es posible hacer</em>&#8230;?», mientras que todos los otros manuscritos, incluido el cor­rector de Beza, usan la compuesta (<em>exestin moi</em>) que básicamente significa <em>licitud: «¿No me es licito hacer&#8230;», </em>si bien se puede traducir también por<em> posibilidad</em>: «¿No puedo hacer&#8230;?».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> Omiten este semiversículo (v. 16b) los códices Vaticano y Sinaítico y algunos otros, pero constaba en la mayoría de manuscritos griegos y en todas las versiones antiguas en latín, siríaco y copto. Los editores de la última edición crítica de Mateo lo han omitido también ellos en el <em>texto</em>, al considerar que ha sido tomado de Mt 22,14.</p>
<p>L'entrada <a href="https://codexbeza.org/es/lectures/mt-201-16-2/">Mt 20,1-16</a> ha aparegut primer a <a href="https://codexbeza.org/es/codice-beza-rius-camps/">Evangeli Actualizat segon el Còdex Beza</a>.</p>
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