Domingo III de Adviento

(662 506) Mt 11,2-11 Códice Beza 11,2 Juan, que en la prisión había oído hablar de las obras que hacía Jesús,[1] le envió un mensaje por medio de sus discípulos 3 para decirle: «¿Eres tú el que ha de obrarlo,[2] o hemos de espe­rar a otro?». 4 Jesús en respuesta les dijo: «Id y referid a Juan lo que estáis oyendo y viendo: 5 los ciegos vuelven a ver y[3] los leprosos quedan limpios, los sordos oyen y los muertos resucitan, y los pobres reciben la buena noticia. 6 ¡Y dichoso es aquel que no se escanda­lice de mí!». 7Mientras estos se iban, se puso a hablar de Juan a las multitudes: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 8 ¿Qué habéis salido a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Sabéis muy bien que los que llevan vestidos elegantes están en los palacios de los reyes. 9 ¿Qué habéis salido a ver, si no? ¿Un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. 10Este es de quien ha quedado escrito: “Voy a enviar a mi mensajero delante de ti que preparará el camino por delante de ti.”[4] 11 En verdad os digo: entre los nacidos de las mujeres no ha aparecido uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él.» ¿Eres tú el que ha de obrarlo, o hemos de esperar a otro?  Mateo, a diferencia de Marcos y Lucas, ha reunido en una sola secuencia la elección de los Doce apóstoles y el envío a la misión (Mt 10,1-5), a fin de disponer de un amplio espacio para instruirlos de cara a la misión (10,6-42). Cuando acabó de darles instrucciones, Jesús se fue a enseñar por las ciudades de donde procedían los discípulos. «Juan, al oír hablar, estando en la prisión, de las obras que hacía Jesús», extrañándose que no se hubiera acreditado como «el Mesías» (texto alejandrino) de Israel que todos esperaban y que él había anunciado, envió a preguntarle por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de obrarlo, o hemos de espe­rar a otro?» El texto usual lee «el que ha de venir», pero Juan, según el Códice Beza, insiste en que habría de haber ejecutado completamente la promesa que todos deseaban. Pero Jesús no le responde con palabras, sino con hechos que liberan personas, y le remarca que la buena noticia es para los «pobres», y no para los dirigentes religiosos que él mismo había vituperado duramente como «Raza de víboras» (3,7), ni para los ricos: «Los que llevan vestidos elegantes están en las cortes de los reyes.» Jesús hace un gran elogio de Juan como «el más grande entre los nacidos de las mujeres», si bien puntualiza que «el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él», en referencia a los pequeños criados, a los que se interesan por los más marginados de la sociedad. Os invito a leer la continuación de la denuncia de Jesús: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el Reino de los cielos sufre violencia» (11,12), que ha recibido todo tipo de interpretaciones, evasivas o incluso positivas, cuando la raíz de la palabra griega en todo el Nuevo Testamento connota «violencia, uso de la fuerza»: «los violentos que se apoderan», por la fuerza de las armas, del Reino que había de inaugurar el Mesías. Por eso nos invita a una reflexión profunda: «¡El que tenga oídos que escuche!» (11,15). A Juan le han reducido al silencio encarcelándolo. ¿Y a Jesús? Deberemos reseguir los trazos, apenas esbozados. Josep Rius-Camps​Teólogo y biblista [1] La mayoría de manuscritos leen «Mesías»; el Códice Beza lee «Jesús» (D 1071. 1424 syc). Si Jesús se hubiera presentado públicamente como «el Mesías», habría provocado ya entonces un alzamiento contra los romanos. [2] En lugar de la lección usual, «el que ha de venir», el Códice Beza hace un juego de palabras entre el verbo «obrar» y el substantivo «las obras». [3] La mayoría de manuscritos retienen «y los cojos andan». La omisión podría ser debida a una distracción del copista. Sin embargo, Clemente de Alejandría tampoco la conserva. [4] Ex 23,20; Ml 3,1.

Domingo II de Adviento

(661 505) Mt 3,1-12 Códice Beza 3,1Por aquellos días se presentó Juan, el Bautista, proclamando en el desierto de Judea   2 y diciendo: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos.» 3 Este, en efecto, es aquel de quien habla el profeta Isaías cuando dice: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanadle sus senderos.» 4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero entorno de sus lomos; su alimento era de langostas y miel silvestre. 5Acudía entonces junto a él gente de Jerusalén, toda la Judea y toda la región circundante del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, a medida que confesaban sus pecados. 7Pero viendo él que muchos de los fariseos y saduceos venían a su bautismo, les dijo: «¡Raza de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escaparos del juicio inminente? 8Dad, pues, un fruto digno de conversión, y no os fieis diciendo en vuestro interior: “¡Tenemos por padre a Abraham!”; porque yo os digo que Dios puede de estas piedras suscitar hijos a Abraham. 10Ya está puesta el hacha a la raíz de los árbo­les: todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11Yo, por mi parte, os bautizo con agua, pero el que viene[1] es más fuerte que yo, de quién no soy digno de llevarle las sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 12Ya tiene en su mano el bieldo para ventar la batida; reunirá su trigo en el granero,[2] pero la paja la quemará con un fuego que no se apaga.» ¡Raza de víboras! no os podréis escapar del juicio inminente Por estos días nuestros se presenta también Juan proclamando un bautismo de conversión en el desierto de nuestra sociedad de consumo y recuerda a los olvidadizos que ya «ha llegado el Reino de los cielos». ¿Pero dónde está? ¿Dónde se hace palpable su llegada? ¿En los templos y rascacielos de los poderosos que intentan tocar el cielo? Por eso su clamor continúa resonando «en el desierto», para que «preparemos el camino al Señor y le allanemos los senderos», hoy más que nunca llenos de obstáculos interpuestos por nosotros mismos y de todo tipo de fronteras que hemos levantado para aislarnos de los que huyen de las guerras y de la miseria, en pateras o a pie y descalzos. Juan intenta sacudir nuestras conciencias adormiladas, insensibles al clamor de los marginados. Pero atención, no nos fiemos diciéndonos también nosotros que «¡Tenemos por padre a Abraham!», incapaces de ver como Dios, «de las piedras» de nuestras seguridades occidentales, continúa suscitando «hijos a Abraham», gente de todos los colores y todo tipo de voluntarios. Ya hace tiempo que «el hacha está puesta a la raíz de los árboles» que no dan buen fruto, para que puedan germinar y crecer frutos de solidaridad de tanta gente sencilla que abren la mano y se presentan en las situaciones más insospechadas. A Juan le hicieron callar, decapitándolo, porque molestaba a los poderosos. Al Señor, que él anunciaba, lo colgaron de un patíbulo para que apareciese a los ojos de la historia como un sedicioso que se había alzado contra el Imperio. Pero aquella muerte tan ignominiosa no lo ha podido retener, y él se ha levantado de entre los muertos con la fuerza de su Espíritu. Juan continúa pregonando que él nos «bautizará en Espíritu Santo y fuego» y nos invita, así, a hacer la misma experiencia liberadora que hizo él «congregando su trigo en el granero» abierto a todos los pueblos y «quemando la paja» de tanta hojarasca mediática que nos impide ver la realidad. Ojalá que «no se apague nunca el fuego» que arde en los corazones de tantas y tantas personas conscientes. Josep Rius-Camps​Teólogo y biblista [1] El texto alejandrino añade «detrás de mí», como hace Mc 1,7. [2] El Códice Vaticano lee «en su granero», dando a entender que hay otros muchos «graneros». Los códices Beza y Sinaítico hablan de un único «granero», donde el Mesías había de reunir todas las naciones.

Domingo I de Adviento

(660 504) Mt 24,37-44 Códice Beza 24,37Como[1] en los días de Noé, así será también la llegada del Hijo del hombre. 37Porque como pasó en los días que precedieron al diluvio en los que seguían comiendo y bebiendo, tomando marido y esposa, hasta el día mismo en que Noé entró en el arca, 39 y no se dieron cuenta hasta que llegó el diluvio y los eliminó a todos, así será la llegada del Hijo del hombre. 40Entonces, dos estarán en el campo: uno será llevado y el otro dejado; 41 dos moliendo en el molino: una será llevada y la otra dejada; dos en un mismo diván: uno será llevado y el otro dejado.[2] 42 Velad, pues, porque no sabéis qué día llega vuestro Señor. 43Entendedlo bien, sin embargo: si el amo de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche llega el ladrón, habría velado y no habría dejado que le horadasen[3] su casa. 44Por eso, estad preparados tam­bién vosotros, porque a la hora que menos os pen­séis llega el Hijo del hombre. «Estad preparados, porque a la hora que menos os penséis llega el Hijo del Hombre» El pasaje que leemos este primer domingo de Adviento presupone el exordio de la respuesta que dio Jesús a la primera de las dos preguntas que le formularon los discípulos sobre la futura destrucción del Templo («Dinos cuando sucederá eso», Mt 24,3), mientras estaba sentado en el Monte de los Olivos, a modo de cátedra magistral enfrentada con el Monte del Templo: «En lo referente al día aquel y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino tan solo el Padre» (24,36). Jesús se esfuerza por instruirlos sobre cómo entiende él que se realizará la llegada del Hijo del hombre: «Por­que como pasó en los días que precedieron al diluvio en los que seguían comiendo y bebiendo, tomando marido y esposa, hasta el mismo día en que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta hasta que llegó el diluvio y los eliminó a todos, así será la llegada del Hijo del hombre.» Mateo reitera que la llegada del Hijo del hombre (cuatro menciones) será del todo imprevisible, imprevisión que nos obliga a estar siempre vigilando, no fuera que no nos encontrará preparados en aquel momento. A fin de ilustrarlo, apunta tres breves escenas de la vida cotidiana: una tiene lugar en el campo, la otra en el molino y una tercera en la casa. Esta última tan solo se conserva en el Códice Beza, avalado por las antiguas versiones latinas. En cada una de ellas sitúa dos personas: dos hombres, en la primera y la tercera; dos mujeres, en la central. Según se hayan preparado o no para la venida del Hijo del hombre, uno de ellos, hombre o mujer, será llevado con él, mientras que el otro será abandonado a su suerte. La comunidad está invitada a velar día y noche. Para evitar que se adormezcan, pone el ejemplo del dueño de la casa que ha de estar siempre en vela, no sea que viniese el ladrón a cualquier hora de la noche y le horadase la casa con un butrón. Es, preciso, pues, que estemos siempre preparados porque, como ha dicho antes, «no sabéis qué día llega vuestro Señor, «porque a la hora que menos os penséis llega el Hijo del hombre.» Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] La comparación que encabeza el pasaje que leemos este primer domingo de Adviento estaba precedida por el exordio de la respuesta de Jesús a la primera de las dos preguntas sobre la futura destrucción del Templo que le habían formulado los discípulos (24,3: «Dinos cuando sucederá eso»), mientras él estaba sentado en el monte de los Olivos: «Por lo que se refiere al día aquel y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino tan solo el Padre» (24,36). La Vulgata, amparándose en una serie de mss. mayúsculos y minúsculos, ha eliminado «ni el Hijo», por escrúpulos teológicos. El Padre, recalcará Jesús resucitado a los Once, se ha reservado bajo su autoridad todo lo que hace referencia a los tiempos y momentos propicios (ver Hch 1,6).  [2] El Códice Beza, con el aval de las antiguas traducciones latinas, conserva también aquí una tercera pareja, como podemos comprobar en Lucas 17,34-36, si nos atenemos a la versión del Códice Beza. Tanto en Mt como en Lc el texto alejandrino enumera tan solo dos parejas. Para que una descripción sea completa, son necesarios tres elementos. [3]  El butrón, orificio hecho en una pared para robar, ya se utilizaba en tiempos de Jesús, y probablemente con frecuencia, pues las paredes eran de barro o de arcilla. Jesús, artesano constructor de casas, era bien consciente de este método.

El Evangelio secreto de Marcos autenticado por El Códice Beza

Josep Rius-Camps Profesor Emérito de la Facultat de Teologia de Catalunya RESUMEN El Evangelio Secreto de Marcos ha sido corrientemente considerado por la mayoría de eruditos como un fraude sofisticado por obra de Morton Smith quien pretendía haberlo «descubierto ». Otros, en cambio, juzgaron que los argumentos a favor de un fraude no eran convincentes como tampoco el supuesto fraude en sí mismo. Trabajando en el texto del Evangelio de Marcos en el Códice Beza quedé impresionado por las pruebas favorables a la autenticidad del documento que emergen del gran número de sus lecciones que no se encuentran en otra parte fuera del texto del Códice Beza de Marcos. Se trata de variantes ortográficas, léxicas y gramaticales que serían no sólo difíciles de imitar sino también fuera de lo razonable. Es más, de acuerdo con el análisis de la estructura del Evangelio de Marcos que he llevado a cabo siguiendo el texto del Códice Beza, el Evangelio Secreto encaja muy bien en la disposición de las perícopas, no solo desde un punto de vista lingüístico sino también desde una perspectiva teológica. Efectivamente, los episodios que contiene contribuyen significativamente a la descripción del viaje de Jesús a Jerusalén y a su relación con los discípulos antes de su muerte. El presente artículo aporta una serie de pruebas que pueden decantar la balanza a favor de la autenticidad del Evangelio Secreto. Discute así mismo sus implicaciones para el estudio del Evangelio de Marcos. RESUMEN PALABRAS CLAVE: Evangelio Secreto de Marcos. Códice Beza (D 05/d 5). Discípulas de Jesús. Iniciación al Reino de Dios. Historia de la redacción del NT. Gnosis.

© 2025 |  Todos los derechos reservadoss – El Evangeli Actualizado según el Códice Beza – Una web de Edimurtra