Domingo I de Cuaresma // Mt 4,1-11 Códice Beza

(673 517) Mt 4,1-11 Códice Beza 4,1Entonces Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para que fuera tentado por el diablo. 2Habiendo ayunado días cuarenta y cuarenta noches,[1] al final tuvo hambre. 3 El tentador se le acercó y le dijo: «Si Hijo eres de Dios, di que estas piedras se vuelvan panes.» 4 En respuesta Jesús dijo: «Está escrito, “el hombre no vive solo de pan, sino de toda palabra[2] de Dios.”» 5 Entonces el diablo se lo llevó a la ciudad santa, lo puso de pie en el pináculo del Templo 6 y le dice: «Si Hijo eres de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “A sus ángeles dará órdenes acerca de ti”[3] y: “Te sostienen con las palmas de las manos, para que tu pie no tropiece con ninguna piedra.”[4]» 7 Jesús le contestó: «De nuevo está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios.”[5]» 8 Nuevamente el diablo se lo llevó a un  monte extra­ordinariamente alto, le mostró todos los reinos del mundo y su gloria 9 y le dijo: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»[6] 10 Entonces Jesús le dice: «Vete detrás de mí,[7] Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y tan solo a él darás culto.”[8]» 11 Entonces el diablo lo dejó y hete aquí que se acercaron unos ángeles y se pusieron a servirle. Vete detrás de mí, Satanás Empezamos la Cuaresma comentando las tentaciones a que Jesús fue sometido por el diablo en el desierto. La iniciativa, sin embargo, la había tomado el Espíritu Santo: «Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para que fuera tentado por el diablo.» El Espíritu, que acababa de ungirlo Mesías de Israel, se quiere asegurar de que no se repetirá el fiasco del pueblo de Israel durante los cuarenta años de su paso por el desierto. Mateo lo pone de relieve: «Habiendo ayunado días cuarenta y cuarenta noches, al final tuvo hambre.» Las tres pruebas hacen referencia a tres situaciones de aquel paso por el desierto. La primera actualiza la escena del maná, poniendo en boca de Jesús el dicho de Dt 8,3: «El hombre no vive solo de pan, sino de toda palabra de Dios», donde la palabra de Dios supera ampliamente el prodigio de convertir las piedras en panes. La prueba central tiene lugar en la ciudad santa, donde el diablo «lo pone de pie en el pináculo del Templo» y le invita a tirarse abajo para que demuestre que es el Hijo de Dios llevado por los ángeles para que no tropiece con ninguna piedra. Moisés puso a prueba a Yahvé en la escena de Meribá, golpeando dos veces la roca con la vara (Nm 20,11-13). Jesús contesta al diablo aduciendo aquella misma Escritura: «No tentarás al Señor tu Dios» (Dt 6,16). La tercera prueba actualiza la escena del Becerro de oro: nuevamente el diablo se lo lleva a un monte extraordinariamente alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria y le dice: «Todo esto daré si postrándote me adoras.» Jesús no solamente supera la prueba, sino que, según el Códice Beza, invita al diablo a ponerse detrás de él y a emprender el seguimiento como discípulo. Es la misma invitación que hará a Pedro, cuando este se atreva a lanzarle un conjuro para disuadir­lo de hablar de su muerte violenta: «Vete detrás de mí, Satanás» (Mt 16,23). El texto usual ha obviado este parale­lismo omitiendo «detrás de mí» en la referencia al diablo. El papel que se le atribuye en las tres tentaciones anticipa la manera de pensar de Pedro sobre el Mesías poderoso. Josep Rius-Camps​Teólogo y biblista [1] Notad el quiasmo con el que el Códice Beza da relevancia al número «cuarenta». [2] El códice Vaticano y la mayoría de manuscritos completan la cita: «que sale de la boca de Dios» (Dt 8,3). [3] Sl 90 (91),11a lxx. [4] Sl 90 (91),12a lxx. [5] Dt 6,16 lxx. [6] Este verbo denota un acto de sumisión total. [7] El Códice Beza, avalado por algunos unciales y por la mayoría de minúsculos, así como por muchas antiguas versiones latinas, siríacas y coptas, conserva la expresión «detrás de mí», que la edición crítica de NA28 considera que se trata de una lección influida por el paralelo de Mt 16,23; Mc 8,33, donde esta misma expresión, empleada siempre (Mc 4×; Mt 6×; Jn 3×; Lc-Hch 3×) para indicar el seguimiento de un discípulo, hace referencia a Pedro (!): «Vete detrás de mí, Satanás.» Muy probablemente constaba aquí en el original de Mateo, según el cual el papel atribuido al diablo en las tres tentaciones anticiparía la manera de pensar de Pedro, el líder de los Doce. El texto alejandrino habría considerado que era impropio que Jesús invitase aquí «al diablo – Satanás» a seguirlo. [8] Dt 6,13 lxx.

Domingo VI del tiempo ordinario // Mt5,17-37

671 515) Mt 5,17-19.21-29.31-32a.33-37 Códice Beza 5,17 No os penséis que he venido a anular la Ley o los Profetas. No he venido a anular, sino a llevarlos a su plenitud. 18 En verdad os digo: mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una iota ni un ápice de la Ley pasarán hasta que no suceda todo esto. 19 Por tanto, el que suprimiera uno de estos mandamientos tan pequeños, y así lo enseñe a la gente, será tenido por el más insignificante en el Reino de los cielos.[1] 21 Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», pero el que mate será reo ante el tribunal. 22 Pero yo os digo: el que se aíre contra su hermano sin motivo, será reo ante el tribunal; el que diga ‘insensato’ a su hermano será reo ante el Sanedrín; pero el que le diga ‘renegado’ será reo de la Gehena del fuego. 23 Por tanto, cuando estás a punto de presentar tu ofrenda ante el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene alguna cosa contra ti, 24 deja allí, delante del altar, tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25 Sé benevolente con tu adversario cuanto antes mejor, mientras aún vais de camino, no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez te entregue al guardia y te metan en la prisión. 26 En verdad te digo: No saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. 27 Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio.» 28 Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer casada con el deseo de poseerla, ya ha cometido adulterio con ella en su interior. 29 Si tu ojo derecho te es ocasión de caída, arráncatelo y tíralo lejos de ti¸ es mejor para ti que se pierda uno de tus miembros y no que tu cuerpo entero sea lanzado a la Gehena.[2] 31 Se dijo también: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. 32a Pero yo os digo: el que repudie a su mujer, fuera del caso de una unión ilegítima, la empuja al adulterio.[3] 33 También habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso», sino que «cumplirás al Señor tus juramentos.» 34 Pero yo os digo: No juréis en absoluto; ni por el cielo, que es el trono de Dios, 35 ni por la tierra, que es el escabel de sus pies, ni por Jerosólima, porque es la ciudad del gran Rey, 36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes  hacer que se vuelva blanco o negro ni un solo cabello. 37 Limitaos a decir: ‘sí, sí’ o ‘no, no’; todo lo que se dice de más es cosa del Maligno. Habéis oído que se dijo a los antiguos… pero yo os digo… Jesús, utilizando una serie de cinco antítesis (la semana próxima leeremos las dos últimas), quiere dejar bien claro que no ha venido en absoluto a anular la Ley mosaica, sino «a llevarla a su plenitud». Presupone que sus oyentes judíos, y más concretamente sus discípulos, ya se saben de memoria los diez mandamientos, y no piensa recitarlos. Por muy pequeños que sean, todos se han de respetar para hacer posible la convivencia humana. Plenamente consciente, asume el papel que tuvo Yahveh en el Sinaí y se dispone a matizar una serie de aspectos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo…», aspectos que podrían quedar olvidados, poniéndolos al nivel de la concreta persona humana. El primero al que hace referencia: «No matarás» es el que menos se respeta y que ocasionó que la mayoría de las Setenta naciones, a las que Dios ofreció su proyecto, lo menospreciasen. Todo el entorno gira alrededor del hermano. Desde la infancia me quedó muy gravado el primer consejo: «Cuando estás a punto de presentar tu ofrenda en el altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí, delante del altar, tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después vuelve a presentar tu ofrenda.» El segundo es sobre el adulterio: «Todo el que mira a una mujer casada con el deseo de poseerla, ya ha cometido adulterio con ella en su interior»; la referencia al repudio es una variante posterior. El tercero hace referencia a los juramentos, que él rechaza de raíz: «Pero yo os digo: no juréis en absoluto… Limitaos a decir: ‘sí, sí’ o ‘no, no’; todo lo que se dice de más es cosa del Maligno.» Subraya tres cosas: veracidad, que vuestro sí o no sean sí o no; sinceridad, que el sí o el no de la boca se corresponda con el sí o el no del corazón; solemnidad, subrayando con la repetición que hay suficiente con la afirmación o negación, sin tener que recurrir a un juramento, que podría comprometer a la divinidad. Los juramentos los carga el Maligno. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] La mayoría de los manuscritos, excepto los códices Beza y Sinaítico, han incorporado: «20 Pero el que los cumpla y enseñe esto, será tenido por grande en el Reino de los cielos. En verdad os digo que, si no sobrepasa vuestra justicia a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos.» [2] Nuevamente la mayoría de manuscritos presentan esta incorporación: «30 Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, arráncatela y tírala lejos de ti¸ es mejor para ti que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea lanzado a la Gehena.» Ved el paradigma completo (mano – pie – ojo) en Mc 9,42-48, resumido por Mt 18,8-9. En el presente contexto, tan solo tiene sentido la referencia «a tu ojo derecho», siendo la acción de «mirar a una mujer casada con el deseo de poseerla» la que es causa de adulterio. [3]

Domingo V del tiempo ordinario // Mt 5,13-16 Códice Beza

(670 514) Mt 5,13-16 Códice Beza 5,13 «Vosotros sois la sal de la tierra: ahora bien, si la sal se vuelve insípida, ¿con qué será salada la tierra? No tiene vigor para hacer nada, a no ser para ser lanzada afuera y ser pisada por los humanos. 14Vosotros sois la luz del mundo: no puede ocultarse una ciudad colocada en la cima de un monte; 15 tampoco se enciende una lámpara de aceite para ponerla bajo la medida de áridos, sino más bien sobre el candelabro, para que brille para todos los que se encuentran en la casa. 16Dejad que empiece a brillar así[1] vuestra luz a la vista de la humanidad, a fin de que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.» Todos los que son sal y luz conservan el planeta tierra e iluminan a la humanidad El pasaje que leeremos hoy forma parte del Sermón de la Montaña, inmediatamente después de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12). Jesús sube al monte, dejando al pie a la gran multitud que se había congregado, y se sentó como maestro y se puso a enseñar a los discípulos que se le habían acercado. Hoy somos nosotros los que nos hemos acercado y él, siempre presente, nos imparte la misma lección. Ahora bien, estos «vosotros» ya no son aquellos discípulos judíos a quien Jesús se dirigía como el Mesías de Israel que releía la Ley en forma de bienaventuranzas en lo alto de «el monte» sin nombre, que actualizaba el Sinaí, en el mismo monte en que, al final del Evangelio, convocó al resto de Israel, los Once, que habían perdido su representatividad, y les envió a todas las naciones a hacer discípulos suyos (24,16-20). Ahora somos nosotros aquellos a quienes continúa dirigiéndose, todos los seres humanos, sin hacer distinción entre ju-díos y paganos. De la misma manera que los Doce perdieron sus credenciales porque su «sal se había vuelto insípida», a nosotros nos podrá pasar lo mismo si no vigorizamos la sal con la que hemos de salar la tierra, para que nuestro planeta recupere el verdor inicial que le otorgó el Creador. No podemos ocultar en los recintos sagrados la luz de la que somos portadores y no hacerla brillar para que «ilumine a todos los de casa». Jesús no habla de templos ni de miles de personas que se aglomeran, sino de un sencillo «candil» donde hemos he colocar nuestra lámpara llena de aceite, así como de «casas» donde habitan personas. Pues, ya es hora, de que dejemos que empiece a brillar nuestra luz a la vista de los humanos, a fin de que viendo nuestras obras buenas alaben, en conse­cuencia, al Padre celestial. Se trata de una sintonía, sin palabras, que El Espíritu creador hace resonar por todo nuestro planeta azul. No tiene necesitad de repetidores ni de grandes redes sociales ni tiene bits que se puedan medir. Es la armonía que solo podemos percibir con los sentidos interiores. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] El imperativo aoristo de tercera persona del singular en griego tiene valor ingresivo.

Domingo IV del tiempo ordinario

earth-1207231_1920 (669 513) Mt. 5,1-12 Códice Beza. El Leccionario litúrgico propone leer hasta el v. 12a 5,1Al ver las multitudes, subió a la montaña y, habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos. 2 y tomando la palabra, les enseñó diciendo: 3 «Bienaventurados los pobres por una opción personal,[a] porque de ellos es el Reino de los cielos. 5 Bienaventurados los mansos, porque ellos heredaran la tierra. 4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia. 8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. 10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos será el Reino de los cielos. 11 Bienaventurados seréis cuando os persigan, os injurien y digan contra vosotros toda clase de maldades por causa de la justicia.[b] 12a Alegraos y saltad de alegría, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; 12b así también persiguieron a los profetas que existieron antes que vosotros.» Las Bienaventuranzas, la lección magistral que impartió Jesús a los dicípulos Mateo escenifica las Bienaventuranzas en la misma montaña del Sinaí dónde Dios  promulgo la Ley, pero con cambios muy notables: mientras que «las multitudes», en representación del pueblo de Israel, permanecen al pie de «la montaña», Jesús no sube el solo, como Moisés, sino acompañado de sus discípulos; en lugar de los diez Mandamientos con los que Dios  promulgó la Ley, Jesús hace pública su enseñanza a base de ocho Bienaventuranzas: del Decálogo judío hemos pasado al ’Octavo cristiano; del sábado judío, cuando Dios reposó, hemos pasado al primer día laboral en que Dios, según da testimonio Jesús, continua trabajando y él también trabaja  (ver Jn 5,17). Las cuatro primeras Bienaventuranzas describen todas las situaciones de pobreza, violencia, desolación e injusticia que afrontan los que han hecho libremente una opción por la pobreza, han optado por la no violencia, han hecho duelo por las víctimas de guerras y atentados suicidas, por quienes se ahogan en las pateras o mueren de frio en peregrinajes sin rumbo, y no han dejado nunca de denunciarlo delante de la pasividad de los nuestros políticos y gobernantes. Las cuatro siguientes dejan al albur la recompensa que esta multitud de voluntarios y de servidores tendrán en el Reino de Dios que ellos/as mismos están edificando: disfrutaran de la cualidad con la que Dios mismo se define, misericordioso y benigno, le «verán» cara a cara, serán contados entre los «hijos de Dios» que el continuamente está engendrando, formaran parte del «Reino de los cielos», donde tendrán parte todas las civilizaciones que vayan superando las poderosas ligaduras con las que la selección natural intenta empoderarse , en vano, del Proyecto universal de Dios válido para todas las culturas que han desaparecido ya, existan en el presente o se formaran en el futuro en el espacio inmenso de nuestro universo. La sintonía del Espíritu de las Bienaventuranzas une a todas las personas libres, sin ningún tipo de atadura ni de intermediarios, y las relaciona entre ellas fuera del espacio y del tiempo. Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [a] La frase en griega hoi ptôchoi tô pneumati es de difícil interpretación, y aún más si se presenta sin artículo en el Codex Beza, hoi ptôchoi pneumati. El articulo haría referencia al «espíritu» personal de estos «pobres», «los pobres en el espíritu» (BSI); la falta de art., «los pobres en espíritu», en cambio, indicaría que no se trata de los pobres habituales, físicamente pobres, sino de individuos que han hecho «una opción personal» por la pobreza evangélica. Encontramos una expresión semejante en Ac 15,7 D, también únicamente en el Códice Beza, «se levantó Pedro en espíritu», indicando que no estaba presente físicamente (había abdicado de la presidencia en la Iglesia de Jerusalén cuando Jaime, el hermano del Señor, ya había tomado las riendas: Ac 12,17), sino espiritualmente, con la fuerza de su testimonio a favor de los paganos. [b] El texto usual lee: «Digan todo tipo de maldad contra vosotros por mi causa.» Beza insiste (por tercera vez) en el tema clave de «la justicia» que se han saltado olímpicamente las autoridades políticas y religiosas.

Domingo II del tiempo ordinario // Jn 1,29-34 Códice Beza

(667 511) Jn 1,29-34 Códice Beza 1,29Al día siguiente ve a Jesús que viene hacia él y dice: «He aquí al Cordero de Dios, el que va a quitar el pecado del mundo. 30Éste es a favor de quien dije yo: “Detrás de mí viene un hombre que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.” 31 Y yo no le cono­cía, ahora bien, a fin de que se manifestase a Israel, por eso he venido yo a bautizar en agua.» 32 Y da testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu como una paloma que bajaba desde el cielo y se quedaba sobre él. 33Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, él me dijo: “Aquel sobre el cual veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, éste es el que bautiza en Espíritu Santo.” 34 Y yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido[1] de Dios.» He contemplado al Espíritu como una paloma que bajaba desde el cielo y se quedaba sobre él El domingo pasado hablábamos del Bautismo del Señor según el relato de Mt 3,13-17, a quien seguiremos de cerca este año durante el Ciclo A. Hoy se nos da una nueva oportunidad de hablar sobre ello, pero dejaremos que lo haga un testigo muy cualificado de este acontecimiento, Juan Bautista. En el marco de un segundo día simbólico, «al día siguiente», Juan ha discernido claramente, entre los miles y miles que llegaban para hacerse bautizar por él, y «ve a Jesús que viene hacia él». Por primera vez entra en escena Jesús usando el mismo nombre (en griego) que Josué, mencionado por primera vez en el Pentateuco (Ex 17,9.10.13.14) en la batalla de Moisés contra Amalec, el Enemigo por antonomasia de Israel. Pero el papel que Jesús asumirá no será el del su homónimo, que atravesó el Jordán y conquistó la tierra prometida, sino al contrario. En efecto, una vez que se hubo bautizado, «salió inmediatamente del agua», impelido por la fuerza del Espíritu que lo situaba en pleno desierto. El Bautista ha intuido que era «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», del «mundo» que «no le conoció» cuando la Luz verdadera estaba llegando al mundo (Jn 1,9). Es el mundo regido por los poderosos de la tierra. No se trata de un pecado personal, sino institucional. El Bautista ha discernido que un exdiscípulo suyo («detrás de mi viene un hombre») ha pasado delante de él, «porque existía antes que yo». Y da testimonio: «He contemplado al Espíritu como una paloma que bajaba desde el cielo y se quedaba sobre él.» Hasta aquel momento no sabía quién sería el Mesías, pero había recibido un mensaje del cielo que le decía: «Aquel sobre el cual veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, éste es el que bautiza en Espíritu Santo.» Y de inmediato certifica: «Y yo lo he visto y doy testimonio que éste es el Elegido de Dios.» Por primera vez en la historia de la humanidad, el Espíritu de Dios ha podido reposar en un hombre de carne y hueso como nosotros y ha podido «quedarse sobre él». Josep Rius-CampsTeólogo y biblista [1] A pesar de que no tenemos en el Códice Beza el primer cuaternión del códice (8 folios), hemos intentado suplirlo siguiendo las variantes que presenta el Códice Sinaítico, muy semejante al Beza en los 9 primeros capítulos. El texto usual lee aquí «el Hijo de Dios» mientras que el Códice Sinaítico, avalado por las antiguas traducciones latinas, siríacas y coptas, lee «el Elegido de Dios». Juan Bautista cualifica así a Jesús como «el Elegido de Dios» para llevar a cabo la función de Mesías de Israel que tanto esperaba el pueblo elegido.

Sagrada familia: Jesús, María y José

Mt 2,13-15.19-23 Códice Beza (665 509) Evangelio acturalizado según el Códice Beza // Josep Rius-Camps Sagrada Familia: Jesús, María y José Mt 2,13-15.19-23 Códice Beza 2,13 Cuando los magos se hubieron retirado, he aquí que el ángel del Señor se aparece en sueños a José diciendo: «Levántate, toma al muchacho (a) y a su madre, y huye a Egipto y quédate allí hasta que te lo diga yo, porque Herodes buscará al muchacho para matarlo». 14 Habiéndose desvelado, tomó al muchacho y a su madre de noche y se fue a Egipto 15 y se quedó hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo». 19 Muerto Herodes, he aquí que el ángel del Señor se aparece en sueños a José en Egipto 20 diciendo: «Levántate, toma al muchacho y a su madre y vete al país de Israel, que ya han muerto los que atentaban contra la vida del muchacho. 21 Habiéndose desvelado, tomó al muchacho y a su madre y se fue al país de Israel. 22 Al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí. Así que, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea 23 y fue a residir a una ciudad llamada Nazaret, de manera que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: «Le llamarán Nazoreo» (b). José, advertido por el ángel en sueños, rememora el éxodo de Egipto Tanto el relato de la ida a Egipto de la familia de Jesús como el del retorno a Israel, Mateo los ha enmarcado con una aparición del ángel del Señor «en sueños» a José, situándolos así en un mundo utópico y, a la vez, relacionándolos con el relato de la visión nocturna de Jacob, a quien Dios ordenó ir a Egipto, asegurándole que «Yo mismo iré contigo a Egipto y te haré volver» (Gn 46,2-4). El domingo pasado comprobamos cómo el ángel del Señor se presentaba a José también en un estado de somnolencia espiritual para que tomara a Mariam, su esposa, en su casa y no la repudiase en privado (1,20-21). El evangelista nos instruye sobre el adolescente Jesús, el cual, antes que fuera ungido como el Mesías de Israel, debería hacer el éxodo a la inversa del que había hecho el pueblo judío, yendo de nuevo a Egipto siguiendo las huellas del patriarca Jacob, y volver a Israel después de la muerte de Herodes. Estos relatos no se han de leer como hechos históricos, sino como enseñanzas que revelan la manera como Dios guía a las personas liberándolas de las manos de los poderosos de todos los tiempos (Babilonia, Persia, el Faraón, Herodes…). La retirada y la estancia del muchacho Jesús en Egipto darán cumplimiento, según precisa Mateo, a la profecía de Oseas: «Cuando Israel era un muchacho lo amé, de Egipto llamé a mi hijo». Mateo cita tan solo la segunda parte, pero yo la he aducido en extenso porque, según el Códice Beza, las cinco veces en que Mateo hablará aquí del niño Jesús lo calificará como «el muchacho» (ton paida, que en griego designa a un adolescente entre 7 y 14 años): «toma al muchacho y a su madre», y no como «al niño» (to paidion, en griego), como encontramos en todos los otros manuscritos. Una vez llegados ya a Israel, al enterarse José de que Arquelao reinaba en Judea, tuvo miedo de ir allí. Una vez más, «avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea y fue a residir a una ciudad llamada Nazaret», en cumplimiento del oráculo de los profetas: «Le llamarán Nazoreo». Notas: (a) Cinco veces el Códice Beza lee pais, «muchacho», «siervo», «esclavo», un término empleado para designar a un muchacho entre 7 y 14 años, diferente de paidion, «niño pequeño», «pequeño criado», término que utilizan todos los otros manuscritos. El Códice Beza pone en boca de los magos y del ángel el término «muchacho», que evoca el conocido pasaje de Is 42,1 LXX: «Jacob, mi siervo, a quien yo sostengo; Israel, mi elegido, en quien se ha complacido mi alma», y que Lucas referirá con frecuencia a Jesús (cf. Lc 1,54; Hch 3,13.26; 4,25.27.30); en cambio, en boca de Herodes o de los que atentaban contra el niño emplea el esperado paidion, «niño pequeño». (b) «Nazaret», Nadsôraios, es una transcripción del arameo nasraya, derivado del nombre del lugar «Natzaret» (Nasrath). No se ve claramente que Mt haga alusión aquí a un oráculo profético; se puede pensar en Is 11,1 por la asonancia entre la palabra hebrea que significa «retoño» y Nazareo.

Domingo II de Adviento

(661 505) Mt 3,1-12 Códice Beza 3,1Por aquellos días se presentó Juan, el Bautista, proclamando en el desierto de Judea   2 y diciendo: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos.» 3 Este, en efecto, es aquel de quien habla el profeta Isaías cuando dice: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanadle sus senderos.» 4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero entorno de sus lomos; su alimento era de langostas y miel silvestre. 5Acudía entonces junto a él gente de Jerusalén, toda la Judea y toda la región circundante del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, a medida que confesaban sus pecados. 7Pero viendo él que muchos de los fariseos y saduceos venían a su bautismo, les dijo: «¡Raza de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escaparos del juicio inminente? 8Dad, pues, un fruto digno de conversión, y no os fieis diciendo en vuestro interior: “¡Tenemos por padre a Abraham!”; porque yo os digo que Dios puede de estas piedras suscitar hijos a Abraham. 10Ya está puesta el hacha a la raíz de los árbo­les: todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11Yo, por mi parte, os bautizo con agua, pero el que viene[1] es más fuerte que yo, de quién no soy digno de llevarle las sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 12Ya tiene en su mano el bieldo para ventar la batida; reunirá su trigo en el granero,[2] pero la paja la quemará con un fuego que no se apaga.» ¡Raza de víboras! no os podréis escapar del juicio inminente Por estos días nuestros se presenta también Juan proclamando un bautismo de conversión en el desierto de nuestra sociedad de consumo y recuerda a los olvidadizos que ya «ha llegado el Reino de los cielos». ¿Pero dónde está? ¿Dónde se hace palpable su llegada? ¿En los templos y rascacielos de los poderosos que intentan tocar el cielo? Por eso su clamor continúa resonando «en el desierto», para que «preparemos el camino al Señor y le allanemos los senderos», hoy más que nunca llenos de obstáculos interpuestos por nosotros mismos y de todo tipo de fronteras que hemos levantado para aislarnos de los que huyen de las guerras y de la miseria, en pateras o a pie y descalzos. Juan intenta sacudir nuestras conciencias adormiladas, insensibles al clamor de los marginados. Pero atención, no nos fiemos diciéndonos también nosotros que «¡Tenemos por padre a Abraham!», incapaces de ver como Dios, «de las piedras» de nuestras seguridades occidentales, continúa suscitando «hijos a Abraham», gente de todos los colores y todo tipo de voluntarios. Ya hace tiempo que «el hacha está puesta a la raíz de los árboles» que no dan buen fruto, para que puedan germinar y crecer frutos de solidaridad de tanta gente sencilla que abren la mano y se presentan en las situaciones más insospechadas. A Juan le hicieron callar, decapitándolo, porque molestaba a los poderosos. Al Señor, que él anunciaba, lo colgaron de un patíbulo para que apareciese a los ojos de la historia como un sedicioso que se había alzado contra el Imperio. Pero aquella muerte tan ignominiosa no lo ha podido retener, y él se ha levantado de entre los muertos con la fuerza de su Espíritu. Juan continúa pregonando que él nos «bautizará en Espíritu Santo y fuego» y nos invita, así, a hacer la misma experiencia liberadora que hizo él «congregando su trigo en el granero» abierto a todos los pueblos y «quemando la paja» de tanta hojarasca mediática que nos impide ver la realidad. Ojalá que «no se apague nunca el fuego» que arde en los corazones de tantas y tantas personas conscientes. Josep Rius-Camps​Teólogo y biblista [1] El texto alejandrino añade «detrás de mí», como hace Mc 1,7. [2] El Códice Vaticano lee «en su granero», dando a entender que hay otros muchos «graneros». Los códices Beza y Sinaítico hablan de un único «granero», donde el Mesías había de reunir todas las naciones.

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